Administrar una empresa y gestionar un patrimonio requieren lógicas distintas. Pasar del control a una hoja de ruta con objetivos claros puede ser clave para preservar lo construido.
Uno de los posibles pasos de esta tecnología apunta a máquinas capaces de percibir, decidir y actuar en el mundo real. El desafío será llevarlas desde los pilotos hacia aplicaciones industriales rentables.