En el mercado existe una enorme variedad de fondos de inversión. Sin embargo, contar con muchas alternativas no necesariamente facilita la decisión. El desafío consiste en identificar cuáles ofrecen una combinación adecuada de retorno, riesgo, consistencia y calidad de gestión para cumplir una función específica dentro de cada cartera.
En Fynsa no buscamos simplemente el fondo que más rentó durante el último año. Los resultados de corto plazo pueden estar influenciados por condiciones circunstanciales de mercado o riesgos que no siempre son evidentes al observar únicamente la rentabilidad. Nuestro objetivo es distinguir esos resultados puntuales de la capacidad de un gestor para generar valor de manera consistente.
El proceso comienza definiendo un universo de fondos que cumpla ciertos requisitos mínimos. Para los fondos internacionales, consideramos inicialmente aquellos autorizados por la Comisión Clasificadora de Riesgo para la inversión de los fondos de pensiones. También exigimos un patrimonio relevante, normalmente superior a US$ 1.000 millones, como una forma de favorecer la liquidez y continuidad del vehículo.
Luego analizamos las alternativas disponibles a través de nuestras distintas contrapartes, considerando aspectos como la disponibilidad efectiva, la clase en dólares a la que pueden acceder nuestros clientes, las inversiones mínimas y las condiciones operacionales. Como referencia independiente, también consideramos las clasificaciones de Morningstar y su evolución en distintos períodos.
Un aspecto central de nuestra metodología es comparar fondos que cumplen una misma función. Por eso, los agrupamos según tipo de activo, exposición geográfica y objetivo de inversión. Así, un fondo de renta variable global se compara con estrategias equivalentes, lo que permite mejorar la calidad de una posición sin modificar la estrategia definida para el cliente.
A partir de estas categorías, realizamos nuestro propio análisis cuantitativo. Evaluamos la rentabilidad acumulada y anualizada frente al índice de referencia y a los demás fondos de la categoría, junto con la volatilidad y las mayores caídas experimentadas. También analizamos cuánto riesgo asume el gestor al desviarse de su benchmark y si esa gestión activa ha sido adecuadamente compensada, utilizando métricas como tracking error, information ratio, beta, correlación y alpha.
El análisis considera distintos horizontes, principalmente uno, tres y cinco años, para evitar que un período excepcional determine por sí solo la decisión.
Cuando existe un ETF comparable, también lo incorporamos al análisis. Esta comparación es fundamental, ya que un fondo activo normalmente implica mayores costos y una mayor desviación respecto de su índice. Por eso, no basta con que tenga una buena rentabilidad: debe demostrar que su gestión aporta una diferencia relevante frente a una alternativa pasiva, líquida y de menor costo.
La decisión entre utilizar un fondo activo o un ETF no es automática. Optamos por un fondo activo cuando estimamos que su equipo, proceso de inversión y construcción de cartera tienen la capacidad de generar valor adicional o administrar mejor determinados riesgos, y que esa ventaja es suficiente para compensar sus mayores costos. Si no existe una diferencia clara frente a la alternativa pasiva, preferimos el ETF.
Más allá de los números
El análisis cuantitativo se complementa con una evaluación cualitativa del gestor. Revisamos la experiencia y estabilidad de su equipo, su filosofía de inversión, el proceso de selección de instrumentos, la construcción de la cartera y sus mecanismos de control de riesgos. Buscamos comprender qué decisiones explican los resultados y determinar si responden a un proceso disciplinado y repetible.
Al finalizar este trabajo, definimos para cada categoría un fondo preferido, alternativas aprobadas y estrategias que permanecen en observación. Esto es especialmente importante porque no todos los clientes tienen acceso a las mismas plataformas, contrapartes o clases de fondos.
Un fondo nuevo debe representar una mejora clara frente a la posición que ya tenemos, ya sea por su relación entre riesgo y retorno, consistencia, capacidad de diversificación o calidad de su proceso de inversión. Todo ello debe lograrse sin alterar el perfil estratégico acordado con el cliente.
La selección tampoco termina cuando un fondo o ETF entra en la cartera. Monitoreamos permanentemente su desempeño, nivel de riesgo, equipo gestor, proceso de inversión y comportamiento frente a alternativas comparables. Si se produce un cambio relevante, volvemos a evaluar si continúa siendo la mejor opción disponible.
En síntesis, nuestra metodología combina información externa, análisis cuantitativo propio, evaluación cualitativa y una comparación permanente entre fondos activos y alternativas pasivas.
El objetivo es seleccionar el vehículo más eficiente para cada categoría: un fondo activo cuando existe una convicción fundada de que puede generar valor adicional, o un ETF cuando la alternativa pasiva ofrece una mejor relación entre costo, riesgo y retorno. La decisión responde a la función que el instrumento debe cumplir dentro de la cartera y no simplemente a su desempeño reciente.
Revisa aquí nuestra Metodología de selección de fondos Fynsa.
Equipo FOS