Durante años, la palabra startup se instaló como una de las más asociadas a la innovación, la tecnología y el emprendimiento. Pero hay un momento en que una empresa deja de estar buscando su lugar y empieza a enfrentar otro tipo de problema: cómo crecer sin que el crecimiento se transforme en su principal dificultad.
Es ahí donde aparecen las scaleups: empresas que ya tienen un modelo de negocio probado y que están creciendo de manera sostenida. A diferencia de una startup, que todavía está buscando validar su negocio, una scaleup ya encontró un modelo que funciona y busca llevarlo más lejos: sumar clientes, entrar a otros países, contratar nuevos equipos o desarrollar nuevas líneas de negocio. No hay una cifra de ventas que, por sí sola, marque el momento exacto en que una empresa se convierte en scaleup. Sin embargo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) utiliza como referencia un crecimiento superior al 20% anual en ventas o empleo durante tres años consecutivos.
Crecer cambia las reglas
El salto puede ser más complejo de lo que parece. Una empresa pequeña puede funcionar con un equipo reducido, decisiones rápidas y procesos relativamente simples. Pero cuando comienza a crecer, todo se multiplica: los clientes, los equipos, los mercados y también los problemas que hay que resolver.
Por eso, escalar no significa simplemente hacer más de lo mismo. El fundador que antes podía conocer personalmente a buena parte de sus clientes debe comenzar a delegar; la tecnología adquiere un papel más importante y el financiamiento pasa a ser una herramienta para acelerar la expansión. La empresa tiene que encontrar una manera de crecer sin perder aquello que la hizo funcionar en primer lugar.
El efecto va más allá de la empresa
Y ahí está una de las razones por las que las scaleups despiertan tanto interés. No son muchas, pero pueden tener un impacto considerable. Un estudio de Endeavor encontró que, en Chile, representaban cerca del 1% de las empresas, pero explicaban alrededor del 40% de los nuevos empleos creados entre 2015 y 2018.
La cifra muestra el impacto que puede tener esta etapa del emprendimiento. Crear nuevas empresas es importante; conseguir que algunas de ellas logren crecer a gran escala puede serlo aún más. Cuando una compañía se expande, puede generar nuevos empleos, proveedores, inversiones y oportunidades.
Cuando el capital deja de ser sólo combustible
En esta etapa, el dinero también cumple un papel diferente. Una startup puede necesitar financiamiento para desarrollar una idea o encontrar su mercado. Una scaleup puede requerirlo para abrir una operación en otro país, incorporar tecnología, contratar talento o incluso comprar otra compañía.
Pero crecer rápido no garantiza llegar lejos. La OCDE ha mostrado que una parte de las empresas que experimentan un fuerte crecimiento posteriormente reduce su ritmo de expansión. La verdadera prueba no es crecer una vez, sino conseguir que ese crecimiento sea sostenible.
La transición de startup a scaleup marca un cambio de etapa: el foco pasa de validar un modelo de negocio a llevarlo a nuevos mercados, aumentar su escala y sostener su crecimiento.
Fynsa