En Chile, siete de cada diez encuestados aseguran haber enfrentado al menos un intento de engaño durante el último año. La tecnología suma nuevas variables a un fenómeno extendido en la región.
La IA abre nuevas posibilidades de crecimiento, pero también aumenta la demanda por energía, infraestructura y capital. Esa tensión está redefiniendo dónde pueden estar las oportunidades de inversión.
Uno de los posibles pasos de esta tecnología apunta a máquinas capaces de percibir, decidir y actuar en el mundo real. El desafío será llevarlas desde los pilotos hacia aplicaciones industriales rentables.
La corrección reciente en tecnología e inteligencia artificial abrió nuevas oportunidades en renta variable internacional. Aunque persisten desafíos de corto plazo, los fundamentos corporativos y las expectativas de utilidades siguen respaldando una visión positiva para los mercados globales.
La inteligencia artificial generativa comienza a integrarse en procesos productivos de grandes compañías, con aplicaciones que permiten automatizar tareas, optimizar costos y reducir tiempos de operación.
La IA no sólo está cambiando cómo vivimos y trabajamos: está obligando a construir. Data centers, redes eléctricas, viviendas, ciudades enteras creciendo alrededor de un ecosistema que necesita espacio real para operar. Y detrás de cada proyecto, la misma necesidad: financiamiento privado.
Cada palabra que le pides a un modelo de IA tiene un costo medido en tokens. Entender esa unidad —y la cadena de valor que hay detrás— es clave para identificar dónde están las oportunidades de inversión.
Un estudio de EY revela que los adultos mayores están adoptando inteligencia artificial más rápido de lo esperado, aunque persisten brechas de capacitación y confianza.
La innovación ya no solo se mide en eficiencia, crecimiento o ventaja competitiva. Bien aplicada, también puede convertirse en una herramienta clave para fortalecer el compromiso, reducir fricciones y construir culturas laborales más significativas.
Según Forbes, la IA dejará de ser visible para integrarse de forma invisible, redefiniendo productividad, roles y diseño del trabajo.