Hoy, muchas empresas en crecimiento ya no solo enfrentan la pregunta de cómo acceder al capital, sino también de cuál es la estructura de financiamiento más eficiente para cada etapa de desarrollo.
Estos instrumentos de deuda emitidos para financiar proyectos específicos con impacto ambiental y social positivo se han consolidado como una herramienta clave para movilizar capital hacia proyectos que generan valor económico y sostenible, fortaleciendo así la competitividad del mercado.
Tener un impacto sostenible no se limita sólo a la generación de instrumentos financieros por parte de emisores y/o inversionistas. El mercado también requiere de transparencia, estándares robustos y capacidades técnicas.
Las empresas enfrentan márgenes cada vez más estrechos y una ardua competencia, lo que obliga a generar sinergias entre áreas y a maximizar recursos. En ese contexto, el back office dejó de ser una función administrativa para convertirse en un habilitador del negocio.
Con el tiempo, estos indicadores pasaron a convertirse en referentes globales que sirven como herramientas de inversión para acceder a países y regiones enteras. América Latina ha dado un paso decisivo con el MSCI nuam, que concentra a las empresas más relevantes de Chile, Colombia y Perú, y que busca mostrar a la región como un bloque cohesionado y competitivo.
Las bolsas de la región han mostrado una recuperación más rápida y menos pronunciada en comparación con el mercado estadounidense, respaldadas por empresas que, en muchos casos, han sabido sortear la incertidumbre global gracias a fundamentos sólidos y un creciente apetito inversor regional.