Cuando el mercado se pone nervioso, muchos inversionistas sienten la tentación de esperar a que se calme para entrar o vender para “protegerse”. Suena prudente, pero cronometrar el mercado (timing) suele salir más caro que quedarse invertido (time in the market).
Los retornos de largo plazo no se reparten parejo: se concentran en un puñado de jornadas excepcionales, y perderse esos días puede ser difícil de recuperar. Entre enero de 2004 y junio de 2026 (22 años), US$ 10.000 invertidos en el S&P 500, sin moverse, se habrían convertido en US$ 66.637. Si se hubieran perdido sólo los diez mejores días del período, el resultado habría caído a US$ 29.671; con los 20 mejores, a US$ 17.527.
Con la misma serie de 22 años (~5.600 días) y una inversión inicial de $1.000.000 en el IPSA, el patrón se repite:
Perderse sólo diez jornadas de 5.600, menos del 0,2% del tiempo, reduce la ganancia de +607% a +246%.
La razón es simple: los mejores días no suelen llegar cuando todo va bien, sino en medio del miedo. En ambos índices, el peor día fue el 16 de marzo de 2020, durante la crisis provocada por la pandemia, mientras que el mejor se registró el 13 de octubre de 2008, en plena crisis financiera global. En el IPSA, cinco de los diez mejores días ocurrieron a menos de dos semanas de uno de los diez peores; en el S&P 500, seis de diez. Es decir, los grandes avances llegan muy cerca de las mayores caídas.
En la práctica, esto implica definir un horizonte de inversión adecuado, entender que, a mayor plazo, menos pesan los sustos de corto plazo, invertir de forma periódica y evitar la tentación de intentar anticipar los movimientos del mercado. La volatilidad es parte del camino, no necesariamente una señal de abandonar la estrategia.
El mayor riesgo de largo plazo no es una caída puntual del mercado, sino no estar presente cuando se recupera. Y esa recuperación suele llegar justo cuando más miedo hay. Por eso, intentar ganarle al mercado con el timing no requiere acertar una vez, sino dos: cuándo salir y cuándo volver a entrar, una y otra vez.
Matías Márquez
Analista Fondos Financieros Fynsa AGF