Noviembre 7, 2025 - 2 min

No hay cosas gratis (2ª parte)

En una de nuestras últimas columnas, tocábamos uno de los asuntos más relevantes para la coyuntura económica local: el mercado laboral. El estudio publicado por el Banco Central e incluido en el IPoM de septiembre levantó el debate sobre el impacto del incremento de los costos, pero no es lo único importante.

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Creemos que, como casi todas las cosas en economía (o la vida) las razones son multifactoriales y nuestra intención es exponer al lector, de manera didáctica y sencilla, cuáles son las otras causas de las que se ha hablado un poco menos. 

En primer lugar, por el lado de la oferta de trabajo, hay cambios sociodemográficos que se han acelerado en lo reciente. En el rango etario 15 – 24 años es bien conocido el fenómeno de los NiNis, los que, si bien han disminuido durante el último año, siguen ubicándose sobre las 300 mil personas. Aunque la participación de este segmento es naturalmente baja (por razones de estudio), la tasa de desempleo es mucho más elevada respecto al total nacional: 19,7% vs 8,5% 

Si somos un poco más exigentes y sumamos a aquellos que no buscaron trabajo, pero que sí les gustaría trabajar, la cosa se complica aún más: 36,6% vs 16,5%. Aunque las cifras son preocupantes, no son nada al lado del problema dinámico que causa esto, ya que son personas que no están acumulando experiencia ni desarrollando habilidades. Así, su eventual entrada al mundo laboral será a trabajos menos calificados, con mayor probabilidad de informalidad (ergo, menos seguridad social) y salarios menores, lo cual causa brechas que en promedio no disminuyen durante la trayectoria laboral. 

En esa misma línea, la caída de la tasa de natalidad supone un desafío doble. No sería primera vez en la historia que una cohorte generacional queda rezagada respecto a la anterior, especialmente aquellas que han vivido crisis económicas significativas, pero tenía posibilidades de recuperarse y/o era normalizado por la cohorte generacional siguiente que no había enfrentado esa crisis. Ahora, la generación que debería estar ingresando al mercado no lo está haciendo y lamentablemente tampoco va a ser “normalizada” por la siguiente, básicamente porque ¡esa generación no está naciendo!  

De seguro todo esto está relacionado, ya que, al disminuir la masa salarial relativa de este rango etario, se reduce la probabilidad de mayores nacimientos. En sencillo: el kilo de guagua se vuelve impagable. 

Lo descrito acá genera costos que, de manera agregada, son mayores a solamente los costos privados, por lo tanto, hay espacio para las políticas públicas. Las “formulas” no son nuevas y han sido ampliamente sugeridas, pero lamentablemente tienen poco eco en quienes toman las decisiones. 

Algunas de ellas son mejorar el acceso y la calidad de la educación preescolar, favorecer flexibilidad laboral para trabajadores y empleadores respecto a los cuidadores, disminuir la deserción escolar, alinear incentivos para la formalización de empleos hoy informales, etc.  

Nada de esto solucionará el problema como un todo, pero si contribuirán a que por lo menos no siga empeorando y las desigualdades de las siguientes generaciones no sean mayores a las actuales. Un análisis a las causas desde la demanda de trabajo la tocaremos en la siguiente oportunidad.  

Nathan Pincheira

Economista Jefe de Fynsa