Los bonos verdes se han consolidado como una tendencia clave en el mundo financiero, al combinar sostenibilidad ambiental con retornos atractivos. Según el Banco Mundial, son instrumentos de deuda cuyos fondos se destinan exclusivamente a proyectos con impacto ambiental positivo, como energías renovables, transporte limpio o eficiencia energética. Así, los emisores acceden a financiamiento de largo plazo y los inversionistas canalizan recursos hacia iniciativas verdes sin sacrificar rentabilidad.
A nivel global, las emisiones de bonos con criterios ESG han crecido de forma exponencial. En 2024, las emisiones de deuda sostenible (bonos verdes, sociales, sostenibles y vinculados a sostenibilidad) superaron los USD 1.05 billones, con los bonos verdes representando cerca de dos tercios de ese total, según Climate Bonds Initiative. América Latina aún representa una porción menor (alrededor del 3 % del total), liderada por Brasil, México y Chile. En este contexto, Perú ha sido un actor emergente, representando alrededor del 3.3 % de las emisiones verdes acumuladas en la región, pero con señales claras de dinamismo creciente.
Las finanzas sostenibles han ganado fuerza en Perú en pocos años. Hasta 2021, los emisores locales colocaron cerca de USD 4,800 millones en bonos temáticos, de los cuales USD 1,100 millones fueron bonos verdes (18 % del total) emitidos hasta abril de 2022. Aunque el país comenzó más tarde que otros, su mercado ha despegado rápidamente.
El mercado peruano de bonos verdes dio sus primeros pasos en 2014 con la emisión de USD 204 millones por parte de Energía Eólica S.A., destinada a parques eólicos en el norte del país. En 2018, Protisa Perú colocó USD 30 millones para eficiencia energética y sostenibilidad hídrica. A partir de 2019, las emisiones se aceleraron con colocaciones como el primer bono verde del Banco de Desarrollo del Perú (COFIDE) y, en 2022, el ingreso del sector bancario con el bono verde financiero de Credicorp (USD 30 millones). COFIDE ha sido un actor clave en este mercado, con seis bonos temáticos por más de USD 180 millones, lo que representa cerca de la mitad de las emisiones sostenibles.
El sector público también ha ingresado al mercado. Desde 2021, el Gobierno emitió cuatro bonos soberanos sostenibles, incluyendo uno en 2023 por S/ 16,358 millones (USD 4,400 millones), premiado por su enfoque inclusivo. El mercado también innova. COFIDE anunció el primer bono azul (USD 28 millones para agua y saneamiento) y BanBif colocó el primer bono verde subordinado (USD 20 millones) con respaldo de LAGreen. Estos casos reflejan mayor sofisticación del mercado.
El auge de los bonos verdes en Perú responde a dos fuerzas: rentabilidad e impacto climático. El país es altamente vulnerable al cambio climático y podría perder hasta 6% del PBI al 2030 sin acciones. Por ello, los bonos verdes son una herramienta clave para financiar energía limpia, infraestructura resiliente y gestión hídrica.
Financieramente, los bonos verdes han demostrado ser una opción atractiva además de su contribución ambiental. Suelen mostrar alta demanda en los mercados internacionales, lo que permite a los emisores acceder a tasas competitivas mediante el llamado “greenium”. En el primer semestre de 2023, la demanda promedio de bonos verdes en dólares fue 5,4 veces superior al monto ofertado, facilitando financiamiento más barato para proyectos sostenibles y premiando a emisores comprometidos con el medio ambiente.
En Perú, el interés global por bonos verdes representa una gran oportunidad. El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) destaca su potencial para atraer capital extranjero y dinamizar el mercado local. Inversionistas institucionales peruanos, como AFP y aseguradoras, ya aplican criterios ESG, impulsando la demanda local.
Invertir con enfoque sostenible no implica sacrificar rentabilidad. Hoy, más inversionistas evalúan sus decisiones considerando retorno financiero y retorno ESG. Si un bono verde ofrece flujos y riesgo similares a uno convencional, su impacto positivo puede hacerlo más atractivo. Este binomio impulsa el auge del mercado.
El creciente interés de inversionistas globales y fondos locales con mandatos ESG podría generar un círculo virtuoso: más emisiones genera mayor diversidad y liquidez. Además, el cumplimiento de estándares internacionales como los Green Bond Principles y la participación de verificadores externos refuerzan la transparencia, credibilidad y confianza en estas emisiones. Continuar fortaleciendo la trazabilidad del uso de fondos y los reportes de impacto será clave para atraer más actores al ecosistema.
De cara al futuro, las perspectivas son alentadoras. Se espera el ingreso de nuevos instrumentos como los bonos vinculados a la sostenibilidad (SLB), que premian con menores tasas a emisores que cumplen metas ESG, o los bonos de transición para industrias que buscan descarbonizarse. Estas innovaciones permitirán a más empresas participar en finanzas sostenibles, alineando sus objetivos económicos con el cumplimiento de metas ambientales o sociales. Así, el mercado peruano podría consolidarse como un referente regional en bonos temáticos durante el nuevo ciclo financiero.
Armando Herrera
Gerente General Fynsa Perú