El informe Women in the Workplace 2024 de McKinsey y LeanIn.org entrega una señal relevante para las organizaciones: aún existe una brecha entre el talento femenino disponible y las oportunidades efectivas de desarrollo dentro de las empresas. Esta brecha no solo tiene un impacto cultural, sino también operativo y productivo.
Aunque la presencia de mujeres en cargos directivos ha mejorado en los últimos años, el progreso sigue siendo lento. El principal punto de fricción aparece temprano, en el paso hacia los primeros roles de supervisión.
El estudio muestra que, por cada 100 hombres promovidos a manager, solo 87 mujeres avanzan al mismo nivel. Esta diferencia inicial reduce la cantidad de mujeres disponibles para futuros cargos de liderazgo y limita la profundidad del talento en las organizaciones.
Desde una mirada de productividad, esto significa que parte del capital humano potencialmente más preparado no llega a roles donde puede generar mayor impacto.
El reporte también muestra que las mujeres tienden a experimentar mayores niveles de agotamiento laboral. En muchos casos, asumen tareas de coordinación, seguimiento y apoyo al equipo que son importantes para el funcionamiento diario, pero que no siempre se reconocen o se distribuyen de manera equilibrada.
Esto puede generar dos efectos relevantes para la empresa:
Según McKinsey, hay tres medidas que se relacionan con mejores indicadores de desempeño y retención:
Las empresas que aplican estas medidas muestran mejores resultados en estabilidad de equipos, eficiencia y capacidad de atraer talento.
El estudio apunta a un mensaje simple: aprovechar mejor el talento femenino no es solo una meta organizacional, sino una forma de mejorar productividad, continuidad y disponibilidad de liderazgo. Para muchas compañías, reducir estas fricciones internas puede convertirse en una ventaja competitiva.
Fynsa