Argentina se encuentra en una etapa clave de transición económica bajo la administración del presidente Javier Milei. Tras un fuerte ajuste macroeconómico y un resultado favorable en las elecciones legislativas de octubre de 2025, el gobierno ha fortalecido su capacidad de gobernabilidad y credibilidad, sentando las bases para un escenario más predecible y atractivo para la inversión.
Uno de los hitos más relevantes ha sido la aprobación del Presupuesto 2026, que compromete al país con el equilibrio fiscal, junto con la Ley de Inocencia Fiscal, orientada a incentivar la formalización de ahorros y su canalización hacia la economía. Estas medidas refuerzan el compromiso del gobierno con la disciplina fiscal y la estabilidad macroeconómica, un cambio significativo respecto de la dinámica histórica del país.
En el plano macro, la inflación ha mostrado una desaceleración marcada, pasando desde niveles de tres dígitos en 2023–2024 a 31,5% en 2025, con expectativas de seguir bajando por debajo del 20% en 2026. Al mismo tiempo, el crecimiento económico se mantiene sólido: se estima una expansión del PIB real al 3,4% en 2026, apoyada en mayor estabilidad, menor incertidumbre política y avances en la agenda de reformas.
La política fiscal continúa siendo el ancla del programa económico. El gobierno apunta a consolidar un tercer año consecutivo de cuentas fiscales equilibradas, mientras avanza gradualmente hacia la normalización del régimen monetario y cambiario. La recomposición de reservas internacionales es una prioridad para 2026, con un objetivo de aumento de al menos US$10.000 millones. En este contexto, la reciente colocación de deuda soberana a tasas de un dígito constituye una señal positiva hacia la recuperación del acceso a los mercados y la reducción del riesgo país.
Desde el punto de vista de inversión, el mercado accionario argentino ofrece una de las combinaciones más atractivas de la región: alto potencial de crecimiento y valorizaciones aún deprimidas. Argentina presenta descuentos relevantes frente a Latinoamérica y mercados emergentes, y podría beneficiarse adicionalmente de una eventual reclasificación por parte del MSCI, lo que generaría flujos pasivos significativos hacia el mercado local.
A nivel sectorial, destacan especialmente:
Los principales riesgos a monitorear incluyen la volatilidad cambiaria, eventuales retrasos en el levantamiento de controles de capital, posibles retrocesos en la agenda de reformas y una inflación más persistente de lo esperado. Asimismo, un resultado adverso en el proceso de reclasificación del MSCI podría afectar el sentimiento del mercado.
En conjunto, el escenario base apunta a una mejora gradual pero sostenida de la economía argentina, con un balance riesgo-retorno que vuelve a resultar atractivo para inversionistas con un horizonte de mediano y largo plazo.
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