El crédito privado enfrenta un escenario más desafiante en 2026, marcado por mayor selectividad, menor liquidez y un entorno financiero más exigente. Sin embargo, en Chile siguen apareciendo oportunidades atractivas en segmentos donde la banca tradicional ha reducido su presencia, especialmente en infraestructura, energía y financiamiento corporativo. Para inversionistas con horizonte de largo plazo, el mercado ofrece hoy mejores estructuras, spreads competitivos y un foco creciente en calidad crediticia.
El Imacec de febrero nuevamente evidenció una variación interanual negativa (-0,3%), lo que, a diferencia del mes anterior, fue extremadamente sorpresivo. Ahora es momento de mostrar nuestras habilidades para tratar de minimizar estos efectos en nuestro rendimiento.
La deuda subordinada aparece como un punto medio: cuesta más en cupón que un bono tradicional, sí, pero compra flexibilidad financiera y, en muchos casos, mejora la lectura de capital por su subordinación, plazo largo y ciertas opciones contractuales.
El mundo se electrifica, la IA crece y la energía limpia avanza. ¿puede el cobre seguir el ritmo?
De cara a 2026, Chile sigue destacando por su atractiva relación riesgo-retorno. Una mejora de términos de intercambio, mayor estabilidad macroeconómica y valorizaciones todavía atractivas, nos posicionan para otro año positivo para los activos locales.
La inflación no se domina con una varita mágica, se domina trabajando todos los días para ello. Incluso cuando el resto no coopera.
Los subsidios hipotecarios y un ajuste gradual del stock impulsan nuevas señales de reactivación en el mercado de la vivienda.
Creemos que Chile sigue ofreciendo un buen punto de entrada hacia 2026, con tasas reales atractivas en términos históricos, valorizaciones en renta variable por debajo de sus promedios de largo plazo y un descuento frente a emergentes, además de catalizadores que podrían favorecer un re-rating gradual de los activos locales.