Nos enfrentamos a un problema completamente nuevo, ya que la discordia no se produce respecto a si el gasto se fijó muy alto o bajo, sino a que el cambio súbito de la estructura económica del país provocó que lo que se hacía para proyectar ingresos quedara obsoleto.
El gasto es rígido, los ingresos no crecen y las reformas se estancan. Así, el país se aleja del equilibrio fiscal que lo distinguió en el pasado.
Con la victoria de Donald Trump, la deuda federal sigue creciendo sin freno, un tema crucial que debe ser abordado.