El debate entre análisis fundamental y cuantitativo ha marcado la historia de las inversiones. Hoy, la mayor ventaja competitiva surge de combinar ambos enfoques.
La selección activa sigue marcando diferencias en la renta fija en dólares, apoyada por fundamentos sólidos y oportunidades en emisores chilenos de alta calidad.
El IPSA cercano a 10.000 puntos transa con descuento y hay varias oportunidades selectivas de compra. La Renta Fija local vuelve a un nivel aceptable: hay bonos con YTM sobre UF+2.5% de muy buena calidad crediticia.
En renta fija mantenemos convicción en estrategias indexadas a la UF, donde el devengo inflacionario continúa ofreciendo retornos superiores a alternativas nominales. En renta variable las valorizaciones por debajo de promedio de 10 años y el rezago en términos de retorno respecto a Latam configuran una oportunidad para posicionarse de cara a una eventual desescalada del conflicto y la aprobación de reformas pro-inversión impulsadas por gobierno actual.
La deuda subordinada aparece como un punto medio: cuesta más en cupón que un bono tradicional, sí, pero compra flexibilidad financiera y, en muchos casos, mejora la lectura de capital por su subordinación, plazo largo y ciertas opciones contractuales.
El IPC de diciembre registró una caída de -0,2% mensual, ubicándose por debajo de lo esperado por el mercado. Con esto, la inflación cerró 2025 en 3,5% anual, apenas por sobre el registro de noviembre.
Chile sigue ofreciendo una atractiva relación riesgo-retorno, apoyada en valorizaciones descontadas, tasas reales atractivas y catalizadores estructurales aún no internalizados por el mercado.
El mercado de renta fija en USD de Brasil no está simplemente atravesando turbulencias: se aproxima a un cambio estructural que podría redefinir el acceso del país a los mercados internacionales de capital.
En este contexto, poner a trabajar el efectivo tiene cada vez más sentido: aumente exposición en renta fija corporativa, en renta variable compre las caídas del mercado, y diversifique sectorial y regionalmente.
La clásica fórmula 60/40 entre renta fija y renta variable está siendo desafiada por un entorno más complejo. Inversionistas institucionales y sofisticados incorporan cada vez más activos alternativos, siendo la deuda privada el primer paso en esta evolución.