Nos enfrentamos a un problema completamente nuevo, ya que la discordia no se produce respecto a si el gasto se fijó muy alto o bajo, sino a que el cambio súbito de la estructura económica del país provocó que lo que se hacía para proyectar ingresos quedara obsoleto.
La deuda privada permite ingresos más estables con una mejor prima por riesgo. Además de ser más acotada en cuanto a duración, permite en la mayoría de los casos entregar flujos a los inversionistas, dejando de lado parte de la incertidumbre en cuanto a retornos y término que sí tiene la inversión de capital privado.
Durante la última década, la deuda privada ha experimentado un crecimiento sostenido y una transformación estructural significativa. Lo que anteriormente se caracterizaba por ser un espacio de soluciones flexibles, menor supervisión y relaciones bilaterales, hoy opera bajo estándares mucho más exigentes en materia de información, gobernanza y control normativo.
Investigadores del McKinsey Health Institute advierten que fortalecer el capital cerebral no es solo una prioridad sanitaria, sino una estrategia económica de largo plazo.