El primer ciclo virtuoso del mercado inmobiliario chileno se extendió entre 2002 y 2008. Sus condiciones base fueron una economía estable, tasas hipotecarias en descenso y una clase media urbana que por primera vez veía la vivienda propia como un objetivo alcanzable. La demanda era genuina y la oferta respondió: permisos de edificación y transacciones crecieron de forma consistente. La crisis subprime de 2008 lo interrumpió, pero Chile la atravesó con una resiliencia que pocos países de la región lograron.
El segundo ciclo, entre 2010 y 2015, fue el de mayor dinamismo. Las tasas hipotecarias se mantuvieron en un rango de 4% a 4,5% anual en UF, el crédito era amplio y una demanda acumulada post crisis encontró las condiciones para materializarse. Las transacciones alcanzaron niveles récord y el desarrollo de nuevos proyectos fue el más activo en décadas.
En ambos ciclos, el denominador común fue la convergencia de cuatro factores: financiamiento accesible, estabilidad macroeconómica, demanda estructural con capacidad de activarse y —de manera determinante— capital privado dispuesto a financiar desarrollo en etapas tempranas. Sin ese capital, los proyectos simplemente no se habrían construido.
Lo que vino después fue la contracción más larga desde que existe registro. La pandemia de 2020 paralizó la actividad, interrumpió cadenas de suministro y encareció los costos de construcción abruptamente. La inflación que siguió —una de las más intensas en décadas— presionó los costos operacionales y el poder adquisitivo de los hogares. La respuesta monetaria llevó a las tasas hipotecarias a superar el 5% anual en noviembre de 2023, su nivel más alto desde 2009 según el Banco Central de Chile (BCCh), cerrando el crédito para una parte importante de la demanda. El resultado fue una caída del 13% en ventas durante 2024 y permisos de edificación en 17.263 unidades para 2025, la menor cifra desde 2002 (Colliers).
Hoy, varios de esos factores han comenzado a revertirse. La tasa hipotecaria bajó a 4,22% anual en enero de 2026, acercándose a los niveles del segundo ciclo virtuoso (BCCh). La inflación, con volatilidad reciente, mantiene como horizonte la convergencia a la meta del 3% del Banco Central. Diario Financiero reportó en febrero de 2026 un interés renovado de capital privado en proyectos de desarrollo, un apetito que no se veía desde antes de la contracción. La Cámara Chilena de la Construcción (CChC) proyecta un alza de 30% en ventas para 2026 y una inversión en construcción que crecería 4,8% (MACh, dic. 2025).
La demanda no desapareció: Chile acumula un déficit de 650.000 hogares y una proporción de arrendatarios que se triplicó en 15 años (Instituto de Estudios Urbanos UC). La historia no se repite de forma idéntica, pero sus patrones son legibles y los cuatro factores que antecedieron los dos mejores ciclos del mercado chileno están, por primera vez en una década, volviendo a alinearse.
Sebastián Dourthé
Analista Inmobiliario Fynsa AGF