Durante años, el private credit se consolidó como una categoría relativamente homogénea dentro de los portafolios. Para muchos inversionistas, acceder a deuda privada era, en la práctica, acceder a una única fuente de retornos estables.
Sin embargo, lo que está ocurriendo hoy en el mercado está dejando algo en evidencia: no todo private credit es igual.
En los últimos meses, los Business Development Companies (BDCs) privados —una de las principales puertas de entrada a esta clase de activo— han enfrentado mayores solicitudes de liquidez, junto con un entorno más competitivo para originar crédito. Este fenómeno responde, en parte, a una normalización tras varios años de retornos excepcionalmente altos, impulsados por tasas elevadas y spreads atractivos.
A medida que el ciclo avanza, el segmento de direct lending corporativo, donde operan la mayoría de los BDCs, ha comenzado a mostrar señales de ajuste. La mayor competencia entre gestores, sumada al regreso de algunos bancos a este mercado, ha derivado en una compresión gradual de spreads y condiciones de originación menos favorables.
Al mismo tiempo, el mercado ha vuelto a recordar una característica estructural del crédito privado: su iliquidez. Las solicitudes de rescate en vehículos con ventanas periódicas han puesto presión sobre sus mecanismos de liquidez, evidenciando la tensión natural entre activos de largo plazo y estructuras semi-líquidas.
En este contexto, más que una salida del private credit, lo que se observa es una rotación dentro de la clase de activo.
La diferencia está en el tipo de estrategia. Mientras el direct lending corporativo enfrenta mayor competencia y compresión de retornos, otros segmentos mantienen dinámicas más favorables. En particular, el financiamiento respaldado por activos reales —como el asset-backed lending y el crédito inmobiliario privado— continúa operando en mercados con menor densidad de capital y estructuras más defensivas.
A diferencia del direct lending corporativo —donde el riesgo combina apalancamiento a nivel fondo y a nivel de las empresas financiadas—, las estrategias respaldadas por activos reales tienden a estructurarse en torno al valor del colateral, reduciendo la dependencia del apalancamiento corporativo como fuente principal de riesgo.
Para los inversionistas de largo plazo, la conclusión es clara: el valor en private credit ya no está únicamente en el acceso a la clase de activo, sino en la selección del segmento adecuado.
Porque si algo está demostrando este ciclo, es que la dispersión dentro del crédito privado no es un riesgo, sino una oportunidad.
Jaime Cruz
Portfolio Manager Deuda Privada USA Fynsa AGF