Los eventos climáticos extremos han cobrado protagonismo en el mercado inmobiliario global. Huracanes, incendios, inundaciones y sequías no sólo generan daños estructurales, sino que también elevan los costos operacionales y las primas de seguros.
Según The Wall Street Journal, entre 2019 y 2023, las primas para propiedades comerciales en zonas de alto riesgo en EE. UU. aumentaron más de un 50%, impulsadas por la frecuencia e intensidad de los siniestros. En Chile, fenómenos antes impensados —como el tornado en Puerto Varas en mayo de 2025— nos recuerdan que estos riesgos ya no son lejanos ni teóricos.
Esta nueva realidad exige estrategias activas de resiliencia. En un contexto donde el cambio climático es una variable tangible, propietarios de activos inmobiliarios deben incorporar medidas de mitigación y adaptación. A continuación, compartimos tres recomendaciones clave:
Reforzar infraestructura y eficiencia energética
Revisar el diseño y el entorno del inmueble es esencial para reducir vulnerabilidades:
Estas medidas no sólo fortalecen el inmueble frente al clima, sino que también lo alinean con futuras regulaciones de eficiencia y carbono.
Integrar energías renovables y prácticas hídricas sostenibles
Diversificar fuentes y reducir consumo es parte del nuevo estándar:
Evaluar riesgos y adaptar de forma continua
La resiliencia climática es un proceso, no un evento:
Adaptarse al cambio climático ya no es opcional. Es una estrategia para proteger activos, optimizar la eficiencia, acceder a mejores condiciones de financiamiento y aumentar la valorización futura del patrimonio inmobiliario.
Invertir en resiliencia hoy es invertir en rentabilidad mañana.
Marco Aurelio Arellano
Analista Fondos Inmobiliarios Fynsa AGF