El aumento de las tensiones entre Irán e Israel ha reactivado la preocupación global por una potencial disrupción en el suministro energético. En particular, el foco está puesto en el Estrecho de Hormuz, punto estratégico por donde transita aproximadamente 20 % del petróleo mundial. Las amenazas de Teherán de cerrar esta vía han sido suficientes para impactar los precios del crudo y aumentar la volatilidad en los mercados financieros internacionales.
Desde mediados de junio, el barril de Brent ha oscilado entre los US$ 82 y US$ 88. De acuerdo con Goldman Sachs, un recorte sostenido de 2 millones de barriles diarios en la oferta global podría impulsar los precios sobre US$ 90 por barril, e incluso más en caso de que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) no responda con aumentos en la producción.
A su vez, Citi estima que una interrupción de 1,1 millones de barriles diarios provenientes de Irán podría generar un alza hacia el rango de US$ 75–78. En escenarios más extremos, como el bloqueo efectivo del Estrecho de Hormuz, los analistas proyectan precios entre US$ 120 y US$ 130.
El encarecimiento del crudo no sólo tiene consecuencias en el sector energético. Según el Fondo Monetario Internacional, un aumento del 15 % en el precio del petróleo podría elevar la inflación global en hasta 0,7 puntos porcentuales, afectando el rumbo de las políticas monetarias en economías desarrolladas y emergentes.
El Banco Mundial, por su parte, ha señalado que una disrupción moderada en la producción o distribución podría llevar el Brent hasta US$ 92 en el corto plazo, con una posterior estabilización cerca de los US$ 84, siempre y cuando no se produzcan nuevas escaladas.
En respuesta al conflicto, los mercados financieros han mostrado mayor sensibilidad al riesgo. Se ha observado un aumento en la demanda de activos refugio, como el oro y el dólar estadounidense, mientras que las bolsas han registrado sesiones más volátiles, reflejando la incertidumbre geopolítica.
El conflicto en Medio Oriente continúa siendo un factor clave de riesgo que influye directa e indirectamente sobre los precios energéticos y las condiciones macroeconómicas globales. Su evolución seguirá siendo determinante para los mercados durante el segundo semestre de 2025.
Fynsa