La economía peruana enfrenta la intensificación de las anomalías oceánicas y atmosféricas asociadas al fenómeno de El Niño con una posición macroeconómica más sólida que en episodios anteriores. Aunque el fenómeno representa un riesgo para sectores como la pesca y la agricultura, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) proyecta un crecimiento del PBI de 3,2% para 2026 y de 3,0% para 2027. Por su parte, la inflación interanual de Lima Metropolitana alcanzó un 4,44% en agosto, en un escenario de presiones sobre distintos componentes del índice de precios.
Reservas internacionales y estabilidad monetaria
A diferencia de crisis pasadas, el país cuenta con un mayor margen de maniobra en sus cuentas externas, lo que contribuye a amortiguar el impacto de episodios de aversión al riesgo sobre los activos locales. Las Reservas Internacionales Netas (RIN) se situaron en US$ 99.698 millones, equivalentes al 29% del PBI, con una cobertura de 17 meses de importaciones y un nivel superior a seis veces el saldo de la deuda externa de corto plazo.
Este portafolio, administrado bajo criterios de seguridad y liquidez, mantiene un 74% de sus recursos en valores de alta calidad crediticia, contribuyendo a preservar la disponibilidad de recursos para eventuales intervenciones en el mercado cambiario. Asimismo, la mejora de 18,1% en los términos de intercambio, impulsada por los elevados precios del cobre y el oro, contribuye a compensar las menores exportaciones agropecuarias. En este contexto, se proyecta un superávit en cuenta corriente de 4,0% del PBI para 2026.
Gestión fiscal y mecanismos de respuesta
En el ámbito de las finanzas públicas, los avances en la consolidación fiscal y los instrumentos de contingencia fortalecen la capacidad del Estado para enfrentar los efectos de los eventos climáticos.
Una mayor capacidad de respuesta
Perú enfrenta este episodio climático respaldado por importantes reservas internacionales, cuentas fiscales en proceso de consolidación y mecanismos que permiten acelerar la colaboración entre el sector público y privado. Estos fundamentos contribuyen a reducir su vulnerabilidad frente a eventuales perturbaciones y favorecen una mayor estabilidad financiera.
Para los inversionistas institucionales y los portafolios internacionales, esta capacidad de respuesta constituye un factor relevante al evaluar los riesgos cambiarios, la deuda soberana y las perspectivas de inversión de mediano plazo. Sin embargo, su efectividad dependerá también de la magnitud del fenómeno climático y de la ejecución oportuna de las medidas previstas.
Matías López
Analista Intermediación y Gestión de Activos Fynsa Perú