La demografía está viviendo un punto de inflexión global. Según las proyecciones más recientes de las Naciones Unidas (World Population Prospects 2024), el mundo se encamina hacia un envejecimiento sostenido, con tasas de fertilidad en mínimos históricos en la mayoría de las economías avanzadas y emergentes. En paralelo, la población en edad de trabajar ya alcanzó su punto máximo o lo hará en esta década en gran parte de los países desarrollados, marcando un cambio estructural en la dinámica de crecimiento global.
El Banco Mundial ha destacado que América Latina se encuentra en una fase intermedia de esta transición. La región todavía conserva parte de su bono demográfico, pero este se está cerrando más rápido de lo esperado. Lo anterior deja una ventana acotada para acelerar productividad e inversión antes de que el envejecimiento empiece a pesar con mayor fuerza sobre el crecimiento potencial, el gasto fiscal y los sistemas de protección social.
En el caso de Chile, el proceso es aún más avanzado dentro de la región. Tanto el Banco Mundial como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) coinciden en que el país enfrenta un envejecimiento acelerado, con baja natalidad y aumento sostenido de la esperanza de vida. Esto implica presiones crecientes sobre el mercado laboral y el crecimiento tendencial, elevando la importancia de variables como productividad, participación laboral y capital humano para sostener el desarrollo económico de largo plazo.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido que el envejecimiento poblacional tiende a reducir el crecimiento potencial de las economías a través de una menor expansión de la fuerza laboral. Este efecto ya es visible en economías avanzadas y se proyecta que se intensifique hacia adelante si no se compensa con mayores niveles de productividad o participación laboral.
El impacto también es financiero. La OCDE ha señalado que el envejecimiento incrementa la tasa de dependencia —menos trabajadores por jubilado—, lo que presiona los sistemas de pensiones y reduce el ahorro agregado de los hogares. Esto tiene efectos directos sobre los mercados de capitales y la planificación de largo plazo, tanto a nivel público como privado.
En este contexto, incluso si las tasas de natalidad se estabilizaran hoy, el ajuste sería lento. Las nuevas generaciones tardan décadas en integrarse plenamente al mercado laboral. Por eso, las principales herramientas de mitigación siguen siendo conocidas: mayor participación laboral femenina, migración, extensión de la vida laboral y aumentos sostenidos de productividad. Para los inversionistas, la conclusión es clara: la demografía ya no es un telón de fondo. Es una variable estructural que está moldeando el crecimiento y los retornos de largo plazo.
Fynsa