En nuestra última entrega sobre inteligencia artificial planteábamos que una de las oportunidades poco observadas en esta tecnología sería salir de la pantalla para comenzar a interactuar con el mundo físico.
Un año después, la discusión ha avanzado. La pregunta ya no es si esta tecnología será posible, sino cuáles son las mejores condiciones para llevarla a escala. Y en esa carrera, China comienza a mostrar ventajas difíciles de ignorar: ha incorporado la IA física dentro de su agenda política, cuenta con la mayor escala mundial en robótica y ya es líder en la producción de humanoides.
El contraste detrás del crecimiento
La economía china continúa expandiéndose, aunque todavía por debajo de su tendencia prepandemia, con el consumo y el sector inmobiliario explicando buena parte de la brecha. Sin embargo, detrás de la cifra agregada conviven realidades muy distintas.
Mientras el sector inmobiliario sigue ajustándose y la infraestructura y manufactura tradicional pierden dinamismo, una “nueva China” avanza a otra velocidad. En julio, la producción industrial ligada a la tecnología creció 16,9% interanual; la de robots industriales, 30,2%; y la de circuitos integrados, 20,7%.
Esta bifurcación también responde a una definición estratégica. El 15° Plan Quinquenal prioriza la autosuficiencia tecnológica, los robots inteligentes y la IA física, redirigiendo inversión hacia semiconductores, infraestructura de cómputo, automatización y robótica, sectores en los que China busca construir ventajas competitivas de largo plazo.
De la pantalla al mundo físico
Hasta ahora, gran parte de la revolución de la inteligencia artificial ha ocurrido dentro del mundo digital. La IA física busca llevar esas capacidades al mundo real, permitiendo que una máquina pueda percibir su entorno, tomar una decisión y ejecutar una acción física.
Dentro de esta categoría aparece la Embodied AI: sistemas inteligentes incorporados en agentes físicos que funcionan mediante un ciclo continuo de percepción, acción y feedback. Los humanoides son una de sus expresiones más visibles, pero todavía representan una fracción mínima de la industria. J.P. Morgan estima que equivalen a menos de 1% del mercado chino de Embodied AI, reflejando cuán temprano se encuentra su desarrollo.
El verdadero punto de inflexión será económico
Que un robot pueda realizar una tarea no significa que tenga sentido económico utilizarlo. Para que la adopción se masifique, la variable crítica será el costo por unidad de trabajo realizada.
J.P. Morgan cita como referencia un costo anual de uso cercano a RMB 80.000 (aprox. USD 12.000), comparable con el costo promedio de un trabajador manufacturero chino. Hoy, varios modelos aptos para aplicaciones comerciales o industriales todavía cuestan entre cinco y ocho veces esa referencia.
Por eso, las fábricas probablemente serán uno de los primeros campos de adopción, especialmente en labores repetitivas, peligrosas o físicamente exigentes. China presenta, además, una combinación favorable: su población en edad laboral lleva años reduciéndose y su densidad robótica todavía está por debajo de economías como Corea, Singapur, Japón o Alemania, dejando espacio para profundizar la automatización.
Escala, infraestructura y velocidad
La estrategia china no se limita a fabricar robots. El país está construyendo simultáneamente la infraestructura necesaria para entrenarlos, desplegarlos y hacerlos más inteligentes. La iniciativa Six Networks busca desarrollar capacidad de cómputo, conectividad, energía y logística.
Cada robot desplegado genera datos que pueden mejorar sus modelos. China ya desarrolla centros de entrenamiento donde cientos de robots practican tareas reales y simuladas, creando un círculo virtuoso de más robots → más datos → mejores modelos → mayor productividad → más adopción.
J.P. Morgan proyecta que los envíos globales de humanoides pasarán de aproximadamente 18 mil unidades en 2025 a 1,75 millones en 2030. China produciría cerca de 900 mil ese año, manteniendo algo más de la mitad del mercado global.
Esto no significa que el Gigante Asiático lidere todas las tecnologías involucradas. Su ventaja es otra: la capacidad de industrializar rápidamente, reducir costos y conectar producción, demanda, infraestructura y datos dentro de un mismo ecosistema. El principal riesgo es que restricciones regulatorias, comerciales y geopolíticas limiten su expansión global.
¿Cómo captura esto el mercado de capitales?
El interés por los humanoides también se trasladó a bolsa. Recientemente, Unitree debutó en Shanghái con un alza cercana a 460% y llegó a transar a cerca de 1.200 veces P/U, una valoración que refleja las enormes expectativas sobre la industria y la selectividad que exige invertir en una tecnología todavía incipiente.
Más allá de una sola acción, su llegada al mercado público comienza a establecer una referencia de valoración para la industria. J.P. Morgan plantea que el sector estaría transitando desde una etapa dominada por anuncios y exposición temática hacia una mayor diferenciación según la capacidad de producir a escala, convertir pilotos en órdenes recurrentes y demostrar rentabilidad comercial.
Ese será el próximo hito: transformar pilotos en despliegues repetibles, multi sitio y económicamente rentables, separando a quienes construyan negocios sostenibles de quienes dependan principalmente de la narrativa.
Más allá del fabricante del robot
Desde una perspectiva de inversión, la oportunidad no necesariamente estará concentrada en quien fabrique el humanoide ganador. Como planteábamos anteriormente, buena parte del valor puede encontrarse en quienes construyen su “cerebro” y su “cuerpo”.
De hecho, existen ETFs especializados como KOID y HUMN que ofrecen exposición al ecosistema de humanoides y Physical AI, combinando fabricantes con proveedores de semiconductores, sensores, actuadores, software y otros componentes críticos. Vehículos más amplios como BOTZ o ROBO extienden la exposición hacia robótica industrial y automatización, mientras otros permiten concentrarla específicamente en China.
La historia de la Physical AI sigue en una etapa temprana y dependerá de que los costos caigan, la fiabilidad mejore y las aplicaciones industriales demuestren retornos concretos. Pero China está construyendo algo que va más allá de un robot específico: un ecosistema completo para intentar convertir inteligencia artificial en trabajo físico a gran escala.
Ismael Pulido
Family Office Solutions Advisor