Agosto 14, 2026 - 3 min

Las formas también importan

En economía, no existen soluciones únicas para problemas complejos. La estabilidad de las reglas y la capacidad de generar certezas también son claves para impulsar la inversión y el crecimiento.

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La frase “bala de plata” se utiliza coloquialmente para describir alguna medida capaz de solucionar problemas complejos, múltiples o de larga data. Proviene de los mitos que le atribuían un poder sobrenatural, ya que era la única munición capaz de herir o matar vampiros, brujas u otro tipo de criatura malvada no humana. Por eso, no es poco común que, de manera negativa, se diga que tal o cual medida no es una bala de plata.  

A pesar de lo anterior, sabemos que en economía difícilmente alguien le atribuiría ese poder a alguna propuesta, considerando que casi nunca los problemas son unidimensionales o de rápida solución. Incluso si ese fuera el caso, la aplicación de una medida influye en el comportamiento de las personas y organizaciones, por lo que sus resultados muchas veces tienen repercusiones no esperadas. Es, en parte, lo que plantea la famosa “crítica de Lucas”, desarrollada en un paper publicado en 1976 por el premio Nobel Robert Lucas. 

Así, nos llama la atención que tanto impulsores como detractores se enfrasquen en el debate sobre si la casi aprobada ley de reconstrucción nacional es una bala de plata respecto a los problemas cíclicos y estructurales que enfrenta la economía nacional. La respuesta es sencilla: no lo es, pero no se si alguien alguna vez pensó que lo fuera.  

Sin embargo, había algo que el proyecto de ley podría haber impulsado más allá del articulado, especialmente si se considera desde un principio que su tramitación no era la solución a todos los problemas. Algo que nos dejó un sabor semiamargo fue que la aprobación del proyecto no tuvo como base un acuerdo transversal, incluso tomando en cuenta que el crecimiento económico es considerado por la gran mayoría como un factor clave para mejorar la calidad de vida de quienes viven en el país. Como muestra, podemos ver que, en la votación en el Senado, gran parte del proyecto fue aprobado por uno o dos votos, y varios que necesitaban quórums más exigentes no consiguieron los votos necesarios.  

¿Por qué esto es tan relevante? Al final del día, lo medular del proyecto pasó, ¿no? Sí, es cierto. Y lo mismo ocurrió con los últimos tres gobiernos (sin considerar este) al aprobar sus propias reformas tributarias. Independiente de cual hubiera sido el contenido de aquellas reformas (fundamental, por cierto), el hecho de que cada gobierno incluya dentro de un paquete de medidas o reformas una relacionada con los tributos, hace difícil dar certezas a inversiones de largo plazo, justamente lo que se busca. Las reglas del juego, como se les llama, no pueden estar cambiando todo el tiempo.  

Se puede tener la mejor de las intenciones, no tengo dudas, pero que cada cuatro años se genere esta incertidumbre, no va en línea con incentivar uno de los pilares fundamentales del crecimiento. 

Por lo tanto, la forma también importa. Un acuerdo más transversal, que hubiera contenido algunas concesiones, entregaría más certeza sobre la permanencia de estas reglas, lo que por sí mismo ya es importante. Es más, daría un mejor punto de entrada a otras reformas fundamentales que se deben discutir con urgencia, como la reforma al mercado laboral, al sistema político o al estatuto administrativo.  

Los aspectos políticos son importantes en economía, y viceversa. Separarlos es un error, al igual que creer que sólo discutir el fondo es importante, dejando de lado las formas. No hay que descubrir la rueda para entenderlo: este fue un elemento vital para lo que fueron los 90’s, los mejores años en la historia económica del país, bajo cualquier métrica.  

Como dije, las formas también importan.

 

Nathan Pincheira

Chief Economist at Fynsa