Julio 3, 2026 - 2 min

La pelota al piso: ¿qué significan las últimas cifras de actividad?

Cinco caídas consecutivas del Imacec y un segundo semestre que parte cuesta arriba. El análisis de Fynsa pone los números sobre la mesa y anticipa que la recuperación esperada probablemente tendrá que esperar hasta 2027.

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Como ya hemos escrito en este espacio, la economía no está viviendo su mejor momento. La debilidad mostrada durante el primer trimestre había sido explicada principalmente por sectores ligados a recursos naturales y sus cadenas productivas, como la pesca y la fabricación de alimentos. Lo anterior, sumado a que la producción de cobre no se ha recuperado desde el accidente en El Teniente, hace que el punto de partida para evidenciar mejores cifras ya sea bastante desafiante. 

Sin embargo, en lo reciente, hemos visto una especie de normalización del shock en los rubros ligados a la oferta, pero una desaceleración en aquellos relacionados a la demanda. Comercio y Servicios muestran números aún azules, pero cada vez con mayor dificultad de llegar a ellos. Eso nos parece preocupante, porque gran parte de las expectativas más optimistas para la segunda parte del año recaían precisamente en el mejor desempeño esperado de éstos. 

Es en este contexto que el Imacec de mayo no ayuda al sentimiento. Por quinta vez consecutiva, la actividad evidenció una caída en su comparación interanual, esta vez de 0,9%. Adicionalmente, la serie desestacionalizada disminuyó 0,2% m/m, confirmando el freno mencionado. Es más, si el lector cree que la “culpa” sigue siendo de la minería, eso es una verdad a medias: interanualmente cayó 11,6%, pero desestacionalizada versus el mes anterior se expandió 0,7%. Por su parte, el Imacec no minero mostró un crecimiento de 0,7% a/a, pero en el margen se redujo 0,3% m/m, explicado, sobre todo, por un débil desempeño de la industria, otros bienes y servicios.  

Con todo lo anterior, alcanzar un crecimiento en el rango medio del proyectado recientemente por el Banco Central se vuelve bastante desafiante. No sólo por la aritmética detrás (ya explicaré por qué), sino porque no hay señales claras de que esta situación esté cerca de revertirse. El mercado laboral sigue frágil, tanto por razones cíclicas como estructurales; las tensiones externas impiden una mejora de la confianza; y la esperada reforma para la reconstrucción (cuyo potencial efecto en crecimiento podría estar sobrevalorado) avanza lento en su camino legislativo. 

Con las cifras conocidas hasta ahora, para llegar a un crecimiento de 2,0%, el país debería expandirse a una velocidad promedio mensual 300% por sobre su tendencia potencial (~0,24% m/m). Como referencia, en los primeros cinco meses del año el promedio ha sido de -0,1% m/m. Si somos más conservadores, pero aún optimistas, y en los próximos meses crecemos a una velocidad que “sólo” duplique la potencial, podríamos llegar a un 1,0%. No digo que sea imposible, pero sí que para 2026 será extremadamente desafiante llegar a los números que se planteaban hace apenas unos meses. Si hay que esperar una recuperación importante, probablemente habrá que mirar hacia 2027. 

Para terminar, y porque cada vez que un dato trimestral arroja cifras negativas vuelve a instalarse el debate sobre una eventual “recesión técnica” (lo que a mi parecer es una simplificación excesiva de lo que es realmente una recesión), vale la pena poner las cifras en perspectiva. Para que la economía entre en esa definición, sería necesario que en junio registrara una caída desestacionalizada de al menos 0,3% respecto de mayo. Dicho de otro modo, si el crecimiento anual fuera inferior a aproximadamente 0,4% (décimas más, décimas menos), caeríamos en la temida definición. En esta oportunidad, la minería debería ayudar; la incógnita es si el resto de los sectores logrará revertir la tendencia negativa. Estaremos atentos.

 

Nathan Pincheira

Chief Economist at Fynsa