Durante la última década, los activos alternativos dejaron de ocupar un lugar secundario en los portafolios para convertirse en una pieza cada vez más relevante de las estrategias de inversión. La búsqueda de mayores retornos, la diversificación y un entorno de tasas históricamente bajas impulsaron el crecimiento de clases de activos como private equity, deuda privada, infraestructura e inmobiliario. Fue una etapa marcada por la expansión: más capital, nuevos gestores y un universo cada vez más amplio de oportunidades.
Sin embargo, el escenario que impulsó ese crecimiento ha cambiado. Las condiciones de financiamiento son más exigentes, la liquidez ya no es tan abundante y los inversionistas enfrentan mayores dificultades para materializar retornos y recuperar el capital invertido. Al mismo tiempo, el desarrollo de la industria ha intensificado la competencia entre gestores y ha hecho más evidente que no todas las estrategias ofrecen los mismos resultados.
Este escenario marca el inicio de un segundo acto. No se trata del fin del atractivo de los alternativos, sino de una evolución hacia un mercado más maduro, donde la selección y la capacidad de ejecución adquieren un papel central.
En esta nueva etapa, las diferencias entre estrategias adquieren mayor importancia. En private equity, la generación de valor dependerá cada vez más de mejoras operacionales y del crecimiento real de las compañías, más que de la expansión de sus valorizaciones. En deuda privada, la calidad de las garantías, la estructura de los préstamos y la disciplina en la originación serán fundamentales. Por su parte, la infraestructura y los activos reales mantienen un atractivo estructural, impulsado por las necesidades de inversión en energía, digitalización y centros de datos.
También cobran relevancia las inversiones en mercados secundarios, que permiten adquirir participaciones existentes en fondos privados y ofrecen alternativas para gestionar las necesidades de liquidez en una industria caracterizada por horizontes de inversión prolongados.
En este contexto, la pregunta para los inversionistas deja de ser simplemente cuánto invertir en activos alternativos y pasa a ser cómo construir una exposición equilibrada entre distintas estrategias, gestores y fuentes de retorno.
El segundo acto no será necesariamente más fácil que el primero, pero sí exigirá una mirada más selectiva. Las oportunidades seguirán existiendo; la diferencia estará en identificar dónde se encuentra el valor y quién tiene las capacidades para capturarlo.
Jaime Cruz
Portfolio Manager Deuda Privada USA Fynsa AGF