Octubre 16, 2026 - 2 min

Inflación: el impuesto silencioso del que sí podemos protegernos

Desde 2020, el IPC ha superado el rango meta en 8 de cada 10 meses. Su impacto sobre el poder adquisitivo es inevitable, pero existen instrumentos de inversión que permiten enfrentar sus efectos e incluso obtener retornos reales.

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Cada vez que la inflación parece controlada, se repite el mismo discurso: las expectativas están ancladas y el problema quedó atrás. Los datos dicen otra cosa. Desde 2020, el IPC ha superado reiteradamente la meta del Banco Central. Sin embargo, durante el 77% de ese mismo período, las expectativas a 24 meses se mantuvieron en torno al 3%. Una y otra vez se ha creído que la inflación está convergiendo y que “no es tema”, pero la historia termina repitiéndose. 

El patrón se vuelve más evidente frente a shocks de oferta. Cuando los combustibles se disparan, el alza no se queda en la bencina. Se traspasa al transporte, a los alimentos y a los servicios indexados, haciendo que la inflación sea más persistente. El escenario actual lo confirma: hay alzas de tasas emulando expectativas que, en buena medida, se arrastran de una inflación que vuelve a desafiar la meta, con forwards que descuentan en torno a 5% para 2026. 

Más allá de la coyuntura, la inflación de largo plazo funciona como un impuesto, porque erosiona el poder adquisitivo sin pasar por el Congreso. Pero no todos lo pagan igual. Quien vive de sueldo en sueldo tiene pocas posibilidades de protegerse: su ingreso se reajusta tarde y su poco ahorro queda expuesto. Quien puede ahorrar e invertir, en cambio, tiene herramientas para defenderse e incluso obtener retornos por sobre el IPC. Por eso, la inflación es, probablemente, el más desigual de los “impuestos”. 

¿Cómo rentabilizar este escenario? Los bonos en UF son una respuesta natural: su capital se reajusta con la inflación y ofrecen una tasa de interés real. El riesgo está en las tasas. En un contexto de alzas continuas, los bonos de mayor duración pueden sufrir pérdidas de capital relevantes. 

Ahí es donde Fynsa Deuda Chile cobra sentido. Con una duración en torno a 2,5 años, el fondo busca capturar el devengo inflacionario de la UF y, a la vez, acotar su sensibilidad a las alzas de tasas. A esto se suma el beneficio del artículo 107 de la Ley sobre Impuesto a la Renta, cuyo tratamiento tributario contempla cambios a partir de 2027 (quedando libres de tributación). El resultado es una alternativa que busca enfrentar tanto la carga tributaria explícita como la silenciosa: la que cobra la inflación. 

La inflación no avisa ni pide permiso. Los impuestos avisan, pero tampoco piden permiso. Una alternativa tributariamente eficiente, que busque proteger el capital y permita beneficiarse del reajuste inflacionario, siempre asomará como una decisión sólida en contextos de incertidumbre.

 

Gabriel Haensgen

Portfolio Manager Fondos Financieros Fynsa AGF