Junio 5, 2026 - 2 min

Colombia: el mercado ya votó por la segunda vuelta

Tras la primera vuelta, los activos colombianos se movieron menos por el resultado conocido que por el escenario que el mercado empezó a descontar: una mayor probabilidad de triunfo de la derecha en segunda vuelta. El rally fue rápido, pero no necesariamente definitivo.

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Antes de que cerraran las mesas, el mercado ya había emitido su propio veredicto. El lunes 2 de junio, la curva soberana colombiana en dólares comprimió en promedio 33 puntos básicos en la semana, el peso se apreció y el apetito por riesgo se abrió con una velocidad que no correspondía a una primera vuelta, sino al pricing anticipado del 21 de junio. No fue una reacción: fue un posicionamiento. 

El resultado del 31 de mayo sorprendió. Abelardo de la Espriella (abogado outsider, alineado con Milei y Bukele) obtuvo 43,7% frente al 40,9% de Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico. Con Paloma Valencia eliminada con apenas 6,9%, la elección quedó en clave binaria y el mercado, alérgico a la ambigüedad, eligió su escenario favorito de inmediato. La dinámica de spreads reveló algo más interesante que la dirección: su arquitectura. Ecopetrol comprimió cerca de 48 bps en la semana, casi 15 más que el soberano —el cuasi soberano deshacía parte de la prima política acumulada durante la administración Petro—. Los bancarios mostraron otra pauta: Bancolombia y Davivienda se acoplaron al rally, pero Grupo de Bogotá, único bancario colombiano IG, apenas se movió. Parte de la explicación es que llegaba al evento con una prima política considerablemente menor. El peso completó la narrativa: el mercado no solo compró bonos, sino que desmontó coberturas cambiarias. 

El contraste con Perú es el más revelador. En la primera vuelta del 12 de abril, en un campo de 35 candidatos, Fujimori apenas movió los activos peruanos con 17%. La elección del 7 de junio entre dos candidatos de derecha tampoco parece preocupar al mercado. Pero la razón no es que los fundamentos peruanos sean robustos, sino que el mercado hace tiempo dejó de escuchar a la política de ese país. Siete presidentes en menos de una década, impeachments, crisis institucionales recurrentes: Perú normalizó la inestabilidad hasta el punto en que sus activos y su ciclo político operan en órbitas distintas. El mercado de bonos peruano cotiza cobre, tasas de la Fed y balanza de pagos. Las elecciones son ruido de fondo. Esa disociación no existe en Colombia ni en la mayor parte de América Latina, donde la política sigue siendo variable de pricing de primera línea. La paradoja está en los números: pese a su caos institucional, Perú transa con spreads 118 puntos básicos menores que Colombia. El mercado no castiga la inestabilidad peruana porque aprendió a no leerla. Pero el caso peruano plantea una pregunta más incómoda que la del spread: cuando un mercado deja de reaccionar a la política no porque confíe en las instituciones, sino porque aprendió que el caos es el estado normal, ¿está priceando riesgo o simplemente ignorándolo? 

La reforma tributaria en Colombia es inevitable, el espacio fiscal es mínimo, y el 21 de junio puede revertir lo construido en una semana. El mercado no compró una solución fiscal. Compró una menor probabilidad de profundizar el experimento económico de Petro. Lo que viene dirá si también leyó bien el riesgo. 

 

Cristián Zañartu 

Operador Renta Fija Latam – Mesa de Dinero