Las cifras de Cuentas Nacionales del segundo trimestre mostraron datos interesantes. En el agregado, hubo una corrección al alza del crecimiento que preliminarmente indicaban los Imacec (3,1% vs 2,9%), lo que ha tenido algunos impactos en las expectativas de los agentes, particularmente para fin de año. Esto fue acompañado por una revisión de las cifras del primer trimestre, desde 2,3% a 2,5%. Sin embargo, creemos que las mayores sorpresas se encontraron en los datos de la demanda interna, especialmente en consumo, pero sobre todo en inversión. Surge, entonces, la pregunta: ¿comenzó la reactivación?
Primero, un poco de explicación. La inversión creció 16,2%, siendo la acumulación de inventarios la principal incidencia, en particular la de productos manufacturados, las que alcanzaron un ratio acumulado en doce meses de 0,1% del PIB. La formación bruta de capital fijo (es decir, inversión menos la acumulación de existencias), aumentó 5,6%, principalmente por el componente de maquinarias y equipos (11,4%), en especial los equipos de transporte y maquinaria de uso industrial. El componente de construcción y otras obras, por su parte, creció 2,0%, por una mayor inversión en obras de ingeniería, efecto que fue compensado parcialmente por una menor edificación.
El crecimiento de uno de los componentes del PIB más débiles del último tiempo entregó múltiples interpretaciones y análisis, varios de ellos argumentando que la mejora se daba dadas las mejores expectativas o gracias a las señales de un cambio de administración. Aunque no se puede descartar esta tesis, creo que hay que tener cuidado al evaluar datos en el margen, especialmente cuando los argumentos que pueden estar detrás son multifactoriales. En primer lugar, si bien la variación puede ser una sorpresa, los sectores en los que se enfocó no lo son: minería y energía. En general estos sectores se mueven independiente al ciclo político, al menos cuando la alternancia se da entre sectores razonables. En segundo lugar, no se puede hablar aún de tendencia, por lo que crecimientos de este orden de magnitud algunas veces obedecen a un par de proyectos grandes o a la contabilidad de estos más que a un cambio de tendencia en el sector. Finalmente, cuando miramos otros indicadores cuantitativos o cualitativos, éstos no se mueven necesariamente en la misma dirección. Por ejemplo, el Informe de Percepciones de Negocios (IPN) recientemente publicado, cuenta una historia completamente diferente, lo mismo que se puede concluir al mirar la dinámica del crédito o las colocaciones de deuda por parte de las empresas, todos indicadores que se mantienen débiles, incluso algunos empeorando en el margen.
Por lo tanto, aunque nos encantaría que esto marcara el inicio de una recuperación económica sostenible, nos parece que concluir aquello solo de una cifra es algo apresurado. Los elementos que han impactado negativamente la inversión no son cíclicos y dependen de factores normativos, políticos, de certeza jurídica, de trabajo conjunto con el sector público, etc. Mientras no tengamos aquello, independiente del sector político gobernante, los empresarios seguirán mirando con cautela antes de comenzar nuevos proyectos o expandir los actuales. Habrá que esperar.