Telefónica continúa desarmando su presencia en América Latina. Ya se ha desprendido de operaciones en Perú, Argentina y Uruguay, en algunos casos a precios bajos o incluso simbólicos, con tal de reducir deuda y reenfocarse. Chile es una de las últimas piezas relevantes en la región que permanece en su portafolio, pero lo hace en un entorno que combina deterioro operativo, presión competitiva y restricciones estratégicas. Su permanencia parece más una carga que una apuesta.
El mercado de telecomunicaciones chileno atraviesa una etapa de fragilidad estructural. WOM, que impulsó una política de precios agresiva y expansión acelerada, terminó en Chapter 11 tras la decisión de su controlador de no capitalizar más pérdidas. VTR, en tanto, logró evitar un camino similar, pero sólo gracias a una conversión de deuda que entregó el control operativo a América Móvil, relegando a Liberty Latin America a una participación marginal. Entel se mantiene como el operador con mejor salud financiera, con capacidad de inversión y balance limpio, aunque eso no lo exime de operar en un entorno donde la rentabilidad estructural se ha erosionado.
Telefónica Chile arrastra una situación financiera compleja. A marzo de 2025, sus ingresos cayeron 6,5 % interanual, volvió a reportar pérdidas operativas por más de $31.000 millones, y su flujo de caja operacional fue negativo por $128.000 millones. En paralelo, incrementó su endeudamiento financiero a $1,28 billones (equivalente a unos USD 1.350 millones), cifra que incluye un bono internacional por USD 500 millones, el cual hoy cotiza en torno a los 60.0 y tasa de 12.9%. Aunque hubo un repunte técnico hasta los 65 centavos tras conocerse que la Subtel autorizó a Verizon a operar en el mercado chileno, la ausencia de una oferta real hizo que el optimismo se desvaneciera. Y sin un catalizador real, el bono podría seguir bajo presión.
Cualquier proceso de venta —total o parcial— deberá enfrentar dos grandes obstáculos: el regulador y la estructura de capital. Por un lado, la Fiscalía Nacional Económica (FNE) ha sido especialmente activa en operaciones de concentración en telecomunicaciones. Basta recordar el caso Entel–Nextel (2014), la fusión Claro–VTR (2022), o el intento de absorción de GTD por parte de Entel, que no prosperó. Aunque no es posible afirmar con certeza que la FNE bloquearía una transacción donde un actor local compre Telefónica, sí es claro que pondrá su lupa sobre cualquier operación que implique aumentar la participación de mercado en un sector altamente concentrado y con barreras de entrada.
Por otro lado, el comprador deberá definir qué hacer con la deuda existente. Telefónica S.A., desde Madrid, ha sido enfática en evitar defaults desordenados en sus filiales. Y aunque no puede descartarse una escisión de activos, venta por partes o incluso una renegociación de pasivos, cualquier camino implicará complejas conversaciones contractuales y estratégicas. Los acreedores internacionales no son un actor irrelevante, pero su participación dependerá del tipo de operación, la entidad adquirente y la estructura legal del traspaso.
En cuanto a potenciales compradores, se han mencionado varios nombres. Verizon es el que más atención ha generado, especialmente tras recibir una concesión de espectro por parte de Subtel en 2025. Sin embargo, no ha presentado hasta ahora una oferta concreta. Otro actor con capacidad y presencia regional es Millicom, que opera en Centroamérica y Sudamérica bajo la marca Tigo. Su historial como operador regional lo convierte en un candidato plausible, aunque no ha trascendido públicamente interés específico por la operación chilena. Lo cierto es que Telefónica lleva meses buscando una salida, y los interesados aún no dan el paso definitivo.
La paradoja de Telefónica Chile es evidente: sus activos tienen valor, su marca es reconocida y su infraestructura es relevante, pero el entorno competitivo y su estructura financiera la hacen inviable sin una reconfiguración profunda. No está quebrada, pero no puede seguir indefinidamente operando en este contexto. Si no logra una salida pronto, el deterioro seguirá acelerándose; y si la salida llega, no será sin fricción.
El reloj corre. Telefónica debe resolver su futuro en Chile, y cada día que pasa sin comprador, sin estructura y sin plan, le resta margen. La operación no puede sostenerse indefinidamente, y el mercado lo sabe.
Cristián Zañartu
Operador Renta Fija Latam – Mesa de Dinero