Julio 18, 2025 - 2 min

El auge de la geoeconomía: cuando la política dirige el mercado

El poder político redefine el comercio global y transforma la economía mundial.

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El libre comercio, tal como lo conocimos en las últimas décadas, está dando paso a una nueva lógica: la geoeconomía. En este paradigma emergente, los países ya no compiten solo por eficiencia o innovación, sino que utilizan la economía como una herramienta más de poder político. 

Así lo plantea un reciente reportaje del Financial Times, que detalla cómo las grandes potencias están reescribiendo las reglas del comercio, la inversión y la cooperación tecnológica. 

De la globalización al desacople estratégico 

El fenómeno no es nuevo, pero se ha intensificado desde la pandemia, la guerra en Ucrania y el endurecimiento de las tensiones entre EE.UU. y China. En respuesta, muchas economías desarrolladas están redoblando sus políticas industriales y aplicando restricciones con criterios estratégicos. 

  • Los países del G7 han aumentado un 40% sus barreras comerciales desde 2019. 
  • EE.UU. ha comprometido más de US$500.000 millones en subsidios a energías limpias y producción nacional de semiconductores, vía leyes como el Inflation Reduction Act y el CHIPS Act. 
  • La Unión Europea impuso nuevos aranceles a los autos eléctricos chinos, acusando competencia desleal basada en subsidios estatales. 
  • China, por su parte, sigue impulsando su red de influencia mediante inversiones en infraestructura, exportaciones de tecnología y control de cadenas críticas. 

 

El objetivo común: reducir dependencias estratégicas, asegurar el suministro de tecnologías clave y proteger sectores considerados vitales para la seguridad nacional. 

¿Qué implica esto para el mundo financiero? 

Este giro tiene efectos directos sobre los flujos de capital, las decisiones empresariales y el crecimiento económico: 

  • Empresas multinacionales están relocalizando parte de sus operaciones (friendshoring, nearshoring). 
  • El acceso a ciertos mercados ya no depende solo de ventajas comparativas, sino de alineamientos geopolíticos. 
  • Las inversiones soberanas y fondos públicos están priorizando industrias clave, aunque no sean las más rentables en el corto plazo. 

Como explica el FT, esto podría marcar el fin de la era en que “los mercados mandaban” y dar paso a un entorno donde el Estado vuelve a jugar un rol central en la dirección económica. 

¿Y qué tiene que ver Chile con todo esto? Aunque alejado de los principales polos de tensión, Chile no está ajeno a esta nueva lógica. Como país productor de recursos críticos para la transición energética —como el cobre y el litio—, se encuentra en una posición estratégica. 

  

Fynsa 

 

Fuente: Financial Times