Durante los últimos años, el Private Equity ha atravesado un cambio silencioso pero profundo. Tras un período marcado por salidas rápidas, abundante liquidez y valorizaciones elevadas, el mercado entró en una nueva etapa, en la que el tiempo volvió a convertirse en una variable central. No porque el valor haya desaparecido, sino porque hoy la forma de capturarlo es distinta.
En este nuevo contexto, más que una carrera por salir, el foco se ha desplazado hacia la gestión activa de las inversiones, la calidad de los activos y la capacidad de generar liquidez sin depender de ventanas puntuales de mercado.
El escenario actual está marcado por un ritmo más pausado de salidas vía IPO o grandes operaciones de fusiones y adquisiciones. Esto ha extendido los plazos de inversión y ha hecho que una parte relevante del valor generado por los fondos permanezca reflejada en valorizaciones, más que en flujos de caja efectivos para los inversionistas.
Lejos de ser una señal negativa, este entorno ha impulsado una mayor sofisticación en la gestión de carteras. Hoy, los inversionistas buscan activamente:
En este proceso, el mercado de secundarios ha pasado de ser una solución excepcional a convertirse en una herramienta estructural dentro del Private Equity.
Una de las métricas que ha ganado mayor relevancia en este ciclo es el DPI (Distributions to Paid-In), que mide cuánto del capital aportado por los inversionistas ya ha sido devuelto en efectivo.
En los últimos años, este indicador ha avanzado más lentamente que el promedio histórico. La razón no ha sido una menor creación de valor, sino un menor número de eventos de salida. En la práctica, esto significa que una parte importante del valor sigue estando “en papel”, a la espera de materializarse.
En este contexto, el mercado secundario cumple un rol clave:
Así, el foco deja de estar únicamente en maximizar retornos puntuales y pasa también a centrarse en gestionar bien los tiempos de retorno.
Mirando los próximos trimestres, el consenso de mercado apunta a un proceso de creación de valor que premia más la selección, la disciplina de precios y la capacidad de gestionar portafolios complejos en distintos escenarios de mercado.
En este nuevo ciclo, las estrategias globales de Private Equity con acceso a secundarios, coinversiones y una adecuada diversificación por vintage, sector y geografía aparecen mejor posicionadas para ofrecer mayor control de liquidez y duración, sin perder exposición a activos de calidad.
El mercado Private Equity está transitando hacia una etapa más enfocada en la gestión de tiempos, de liquidez y de calidad.
El mercado secundario ha emergido como una pieza fundamental para navegar este escenario, permitiendo pasar de la paciencia pasiva a una estrategia más activa y ordenada. Y cuando esta lógica se aplica en carteras globales bien diversificadas, el resultado es un camino más predecible, resiliente y enfocado en la creación de valor de largo plazo.
Juan Manuel Alessandrini
Analista Senior Fondos Internacionales Fynsa AGF