La deuda subordinada (o híbrida) en Chile está dejando de ser un instrumento asociado principalmente a bancos para convertirse en una herramienta corporativa de primera línea. Hace un par de años, el mapa era bastante claro: BancoEstado y BCI emitían subordinados o perpetuos como parte de su capital regulatorio, con una lógica más cercana a solvencia y seguridad que a financiar crecimiento. Sin embargo, el formato no era exclusivo del sistema financiero: AES Andes ya había mostrado que también podía usarse en el mundo corporativo. Hoy este tipo de financiamiento se está usando de manera más visible por emisores grandes e IG: CMPC, Arauco (Celara) y SQM lo ponen en primera plana y validan que puede ser una solución eficiente a escala.
¿Por qué ahora? Porque el costo del dinero volvió a importar. En compañías intensivas en inversión, el dilema es financiar inversión o refinanciar sin tensionar el balance de forma innecesaria. Un bono tradicional “senior” encarece el endeudamiento “puro” y puede presionar indicadores; emitir acciones, en cambio, mejora ratios, pero trae dilución y riesgo de oportunidad: las acciones pueden ser el financiamiento más caro cuando el mercado no paga la historia, o cuando la estructura de control no quiere abrirse. La deuda subordinada aparece como un punto medio: cuesta más en cupón que un bono tradicional, sí, pero compra flexibilidad financiera y, en muchos casos, mejora la lectura de capital por su subordinación, plazo largo y ciertas opciones contractuales.
El costo-beneficio es simple: pagar un diferencial mayor hoy para ganar flexibilidad mañana—diversificar el financiamiento, aliviar presión sobre métricas y, con ello, mantener espacio para endeudamiento tradicional cuando realmente haga falta. Y, a juzgar por la respuesta del mercado, la jugada ha sido bien recibida: la demanda por estas emisiones fue holgada, mostrando apetito por “carry” en crédito con buena clasificación incluso cuando la estructura no es tan simple como un bono común.
Para el inversionista, el cupón es atractivo, pero no es gratis. Además de la prelación, el riesgo clave es la extensión: muchos precios asumen que el emisor recomprará o rescatará el bono en la primera fecha posible; si no ocurre, aumenta la duración efectiva y puede venir una corrección de precio relevante. A eso se suma la complejidad del cupón (ajustes y escalones), y una posible menor liquidez en episodios de estrés. Si el contexto internacional lo permite (ventanas estables y volatilidad contenida), veremos más emisiones en el corto plazo. La condición es simple: disciplina para que el cupón compense la complejidad, y no confundir un buen cupón con ausencia de riesgo.
Cristián Zañartu
Operador Renta Fija Latam – Mesa de Dinero