Aunque 2026 ha traído más volatilidad a los mercados financieros —con mayores redenciones en algunos fondos internacionales y una postura más cautelosa por parte de los reguladores—, el crédito privado sigue mostrando oportunidades relevantes para inversionistas chilenos con visión de largo plazo y foco en la calidad de los activos.
Uno de los principales atractivos continúa siendo el nivel de retornos. En un escenario donde las tasas locales han comenzado a moderarse y los instrumentos tradicionales de renta fija ofrecen retornos más acotados, el crédito privado mantiene spreads atractivos y una prima relevante por iliquidez. Para inversionistas institucionales, multifamily offices y patrimonios de alto valor en Chile, esta clase de activo sigue consolidándose como una alternativa de diversificación, con baja volatilidad y flujos estables.
Además, el mercado se ha vuelto más selectivo y disciplinado. La menor liquidez disponible y un entorno económico más exigente han fortalecido la posición negociadora de los prestamistas, permitiendo estructurar financiamientos con mejores resguardos: covenants más estrictos, garantías más robustas y spreads más atractivos. En la práctica, esto podría traducirse en generaciones de inversión (“vintages”) de mejor calidad que las observadas durante años anteriores.
En Chile, esta dinámica es especialmente visible en segmentos donde la banca tradicional ha reducido su apetito de riesgo o ha endurecido sus condiciones de financiamiento. Empresas medianas, proyectos de infraestructura y desarrolladores ligados a energía o activos reales están recurriendo cada vez más a fondos privados para obtener capital con mayor flexibilidad y velocidad de ejecución.
Otro factor relevante es la expansión del universo de oportunidades. El mercado local ya no se concentra únicamente en deuda corporativa tradicional. Hoy existe un creciente interés por estrategias de financiamiento respaldadas por activos (asset-backed lending), deuda inmobiliaria, infraestructura, energías renovables y cadenas logísticas vinculadas al desarrollo minero y al proceso de transición energética. Sectores como data centers, transmisión eléctrica, almacenamiento energético y servicios asociados a minería muestran una necesidad estructural de capital de largo plazo, donde el crédito privado puede jugar un rol relevante.
A nivel regional, Chile mantiene atributos que siguen siendo valorados por inversionistas internacionales: estabilidad institucional relativa, profundidad del mercado financiero y un ecosistema desarrollado de administradoras y gestores especializados. Esto ha impulsado el lanzamiento de nuevos vehículos de deuda privada por parte de actores locales e internacionales, junto con un mayor interés de inversionistas extranjeros por participar en financiamiento de proyectos locales.
En definitiva, 2026 no parece ser un año de euforia indiscriminada, sino más bien un período donde la selectividad vuelve a ser fundamental. Para quienes prioricen calidad crediticia, estructuras sólidas y gestores con experiencia local, el contexto actual podría ofrecer oportunidades atractivas de retorno ajustado por riesgo. El crédito privado en Chile está entrando en una etapa de mayor madurez y sofisticación; y esa evolución, aunque viene acompañada de mayor exigencia y menor liquidez, también está generando oportunidades más sostenibles y mejor estructuradas para el largo plazo.
Esteban Fuentes
Portfolio Manager Deuda Privada Fynsa AGF