Octubre 2, 2026 - 1 min

Hay mercado para todos

Las herramientas del mercado financiero no son exclusivas de grandes inversionistas. Entender el balance de nuestra propia vida permite descubrir cómo pueden aplicarse también a decisiones cotidianas.

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Existe una percepción errada del mercado financiero: que sirve sólo a unos pocos. El ejemplo de manual es el exportador que vende dólares forward para fijar su tipo de cambio: correcto, pero ajeno a casi todos. 

Que el ejemplo sea ajeno no significa que las herramientas lo sean. Dos advertencias: no hay soluciones mágicas (quien prometa hacerte millonario de la noche a la mañana probablemente te estafe) ni receta universal. 

El punto de partida es armar el balance de la propia vida. Lo explícito es fácil: la casa y el auto como activos; el hipotecario y el consumo como pasivos. Lo implícito cuesta más: el valor presente de mi trabajo futuro es un activo (el capital humano) y la colegiatura de los hijos, un pasivo. 

Con ese balance a la vista, uno se pone creativo. Si tomaste un hipotecario prepandemia a UF+2% y hoy piensas prepagar, quizá convenga más comprar un bono en UF a plazo similar que rente más: el diferencial juega a tu favor. Ojo, ese spread no es gratis. Paga riesgo de crédito e impuestos. Hay que hacer bien el número. 

Lo mismo corre para el capital humano, activo dominante sobre todo al inicio de la carrera. Ya existen coberturas: seguros de vida (contratados sobre quien sostiene el hogar) y de invalidez. Estudiar sigue siendo la mejor inversión en este activo, pero hoy enfrenta riesgos nuevos, la IA entre ellos. Sin entrar en magnitudes ni plazos, corresponde reconocerlo. Si el escenario adverso se diera, ¿con qué contrapesamos esa pérdida? Tal vez con activos que se apreciarían justamente si ocurre, aunque la cobertura sea parcial: amortigua, no reemplaza. 

Gestionar el balance de la vida queda al criterio de cada uno: el mercado ofrece herramientas realistas, usarlas depende de ti. 

 

Pablo Gallegos 

Gerente Mesa de Dinero Fynsa