Agosto 28, 2026 - 3 min

Siete meses

El desempleo volvió a subir, pero el 9,5% no es el único dato que importa. La duración de la búsqueda de trabajo revela un deterioro que viene gestándose desde hace años.

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El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) publicó las cifras de empleo del trimestre móvil terminado en julio, las que mostraron que la tasa de desocupación aumentó a 9,5%, ocho décimas más que hace un año y la mayor desde junio de 2021. En estas mismas líneas he escrito que un alza de tasa no necesariamente es una mala noticia, ya que esta es un ratio. De alguna forma, esa lectura se sostuvo el trimestre móvil anterior: el empleo aumentó en términos interanuales, pero fue superado por el crecimiento de la fuerza de trabajo, producto del paso de inactivos a activos.  

En esta oportunidad debo corregir: los ocupados cayeron 0,2% en doce meses y la tasa de ocupación retrocedió medio punto porcentual, hasta 55,9%. O sea, por todos lados una mala lectura. 

La serie desestacionalizada volvió a marcar 9,3%, sin variación respecto del trimestre móvil anterior, lo que podría seguir defendiendo la tesis de un mercado débil, pero estabilizado. Sin embargo, esta vez la estabilidad se consiguió por el lado equivocado: la fuerza de trabajo se contrajo 0,5%, con los ocupados cayendo 0,5% y los desocupados 0,7%. Es el mismo número del mes pasado, pero de una calidad bastante peor. 

Ahora bien, lo importante del informe está en la dinámica y no en el nivel. Por categoría ocupacional, la caída la lideraron los asalariados formales (-2,4%), mientras subían los trabajadores por cuenta propia (5,5%) y los empleadores (8,9%). Bajo una clasificación algo más desagregada, el cuadro se repite: los asalariados privados cayeron 2,7% y los contratistas dependientes crecieron 6,7%. La tasa de informalidad quedó en 26,5%, medio punto sobre la de hace un año, aunque en el margen retrocedió desde el 27% del trimestre anterior. 

Desde este mes, junto con el boletín, el INE estrenó una dimensión que hasta hoy no formaba parte de la publicación habitual: la duración de la desocupación. Esto es sumamente importante, porque puede utilizarse como un indicador adelantado de la dinámica del mercado del trabajo.  

Veamos algunos datos: hay 184.033 personas que llevan doce o más meses buscando trabajo; la proporción de desocupados de larga duración sobre el total pasó desde cerca de 10% en 2014 a casi 20% este año, y el tiempo promedio de búsqueda subió, en el mismo período, desde unos cuatro a más de siete meses. 

Lo anterior calza bien con lo descrito más arriba: si lo que se destruye es empleo asalariado formal en ramas específicas y lo que aparece es trabajo por cuenta propia en otras, el matching demora, y ese tiempo se refleja justamente acá. El perfil es consistente con esta idea: entre los desocupados con educación universitaria, 23,3% lleva más de un año buscando, frente a 16,9% de quienes tienen educación secundaria.  Adicionalmente, en aquellos sobre los 55 años la proporción supera el 30%. 

Sin embargo, siempre es necesario analizar en contexto y en términos relativos. Cerca de la mitad de los desocupados lleva menos de tres meses buscando y la tasa de larga duración se mantiene por debajo del 2% de la fuerza de trabajo. Con lo anterior, si bien en la comparación internacional Chile sigue bastante mejor que el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en proporción de desempleo de larga duración, en tiempo promedio de búsqueda aparece bastante peor: 7,5 meses vs 6,3 de la OCDE. 

Aunque la duración viene subiendo desde 2014, es decir, es un fenómeno de largo plazo y no una alerta puntual, si tuviera que quedarme con un sólo número de lo publicado hoy, no sería el 9,5%: serían los siete meses. El primero se corrige con un par de trimestres decentes de actividad; el segundo, no.

 

Nathan Pincheira

Economista Jefe de Fynsa