Les voy a contar una historia. Y como cualquier historia, cualquier relación o similitud con la realidad es mera coincidencia. Resulta que existía un pueblito llamado Riwars (se pronuncia parecido a Hogwarts, pero no es) que tenía sólo unos pocos habitantes. Estos habitantes eran privilegiados, ya que, producto de su trabajo recibían la moneda local (el km), sumado a otros beneficios, como poder postular a mejores paquetes vacacionales, acceso prioritario al viajar fuera del pueblo, poder agregar un bolso adicional sin recargo, etc. La gente estaba contenta y, cada cierto tiempo, recomendaban venir a vivir a Riwars a familiares y amigos. Sin embargo, para poder mantener los beneficios a todos, el acceso al pueblo era controlado, ya que no podía superar el crecimiento económico del pueblo si quería mantener la calidad de vida que todos sus ciudadanos disfrutaban.
Sin embargo, el municipio de Riwars notó que otros pueblos cercanos estaban atrayendo gente a una tasa mayor, por lo que idearon un plan. Este consistía en permitir entrar a más personas, alentando el desarrollo de otras actividades comerciales, aunque no entregaran valor agregado. La pregunta a continuación es obvia: ¿cómo iba a pagar los salarios en km a los nuevos ciudadanos si éstos no generaban lo suficiente como para justificarlo? La solución que planteó el consejo fue sencilla: emitir más km, pero solo los suficientes para pagar esos salarios para que no se notara mucho. Es cierto que ahora las cosas iban a ser un poco más caras y que quizás el acceso a los paquetes vacacionales iba a estar más demandado, pero nada que no se pudiera compensar con algunos beneficios adicionales (como descuentos en elásticos y fruta confitada los miércoles).
Todo se mantuvo relativamente estable, hasta que algunos concejales de Riwars se pusieron codiciosos. Su fundamento era que, si permitiendo que entraran más personas financiándolo con la impresión de más km no había pasado nada, acelerar un poco más ese proceso tampoco causaría tanto daño. Mal que mal, Riwars seguía siendo la envidia de los pueblos cercanos y había una lista de espera para poder ser parte de esa fabulosa comunidad. Así, cualquier persona que postulara con una relativa buena ortografía y pudiese cumplir con alguna labor, era permitida como ciudadana. Incluso, algunos ni siquiera cumplían labor, pero ingresaban con la promesa de que en el futuro podrían hacerlo y así más que pagarían ese periodo de desocupación. Los problemas no tardaron en llegar. Dado que la generación de valor no había aumentado lo suficiente, acceder a bienes y servicios se volvió cada vez más y más caro. El acceso a los planes vacacionales se hizo inexistente, puesto que aquellos con más liquidez preferían comprarlos a tener que postular con incertidumbre y, al tener ahora todos acceso prioritario, en realidad era como que nadie lo tuviera.
Las protestas no tardaron en llegar. Los ciudadanos más antiguos culpaban al municipio por haber permitido un acceso indiscriminado sin tener los recursos, mientras que los más nuevos reclamaban por las promesas incumplidas. “Para eso, me habría ido a Ciudad Puntos”, se escuchaba decir a algunos. Acá se introdujo la primera reforma importante: una devaluación superior al 60% del km, la redenominación de la moneda, que pasó a llamarse miya, y el fin de los otros beneficios, menos a aquellos que estuvieran dispuestos a pagar una tasa impositiva mayor. Estos serían ciudadanos Golden, mientras el resto solo serían plateados. Sin embargo, el acceso cada vez menos selectivo al pueblo continuó, la emisión de miya no redujo su crecimiento y los beneficios incluso comenzaron a disminuir para aquellos que habían aceptado una tasa impositiva mayor. En resumen, todos los ciudadanos estaban en una situación peor a la inicial, ninguno de ellos había hecho algo incorrecto (sólo comportarse de acuerdo con los incentivos propuestos), y el malestar estaba por las nubes.
Finalmente, el Consejo, de forma desesperada, tomo una determinación tan errada como ingenua: volver todo al principio. El pueblo pasaría a llamarse New Riwars, en el que los ciudadanos más antiguos y los nuevos que más valor agregado producían volverían a tener los beneficios originales (aunque con algunas modificaciones, ya que todo estaba más caro), mientras que el resto ahora recibiría beneficios proporcionales a su contribución. Lo anterior generaría un grupo de personas que incluso terminarían recibiendo cero beneficios, los que indudablemente hicieron lo que cualquier ciudadano indignado y empoderado haría en su sano juicio: quejarse en redes sociales. Mientras tanto, y aunque no me consta, a muchos habitantes se les vio con folletos informativos de Ciudad Puntos, Travel town y Tarjetinha, otros poblados cercanos que al parecer habían mejorado sus indicadores durante el último tiempo.
¿Será la última reforma lo que necesita New Riwars para volver a sus glorias pasadas? Está por verse. Pero si la emisión de la nueva moneda sigue aumentando al mismo ritmo, solo seguirá habiendo inflación y nuevamente los beneficios deberán disminuir.
Moraleja: Pónganle el nombre que quieran, pero más dinero no genera más riqueza, solo la eficiencia y mayor producción lo harán. Pero esto es sólo ficción, qué voy a saber yo.