Noviembre 21, 2025 - 2 min

Moderadamente optimista

Durante la semana se publicaron las Cuentas Nacionales del tercer trimestre, que entregan una visión más consolidada sobre las recientes cifras de crecimiento del país. Si bien en el neto son buenas cifras, no son sostenibles en el tiempo, o por lo menos no sin generar desbalances macroeconómicos en otros lados.

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Durante la semana se publicaron las Cuentas Nacionales del tercer trimestre, que entregan una visión más consolidada sobre lo que han sido las recientes cifras de crecimiento del país. Puede que el lector no lo sepa, pero el Imacec es una estimación sobre el comportamiento de la actividad de un mes determinado, que se elabora con información parcial, conteniendo una parte contable y otra que proviene de modelos. Así y todo, es una muy buena estimación, y en general no sufre grandes correcciones cuando se publican las Cuentas Nacionales.

Pero esta no es la única gracia de estas estadísticas, ya que además de ser una fuente más completa de información, también se entrega bastante más desagregada que el Imacec. De hecho, trimestralmente se publica utilizando el método de los sectores de oferta y también de la demanda. El primero considera al PIB como la suma de todo el valor agregado proveniente de los distintos sectores económicos (como minería, comercio, servicios, etc.), mientras que el segundo considera la utilización, como el consumo privado, la inversión, las exportaciones, etc. 

De esta manera, conocimos que, durante este periodo, la economía se expandió 1,6% respecto al tercer trimestre del año pasado, lo que se encontró por debajo de lo que se esperaba considerando las cifras preliminares de Imacec (1,8% a/a). Más allá de esto, de todas maneras, nos parece que sigue habiendo aspectos positivos para destacar. En primer lugar, que el crecimiento sigue siendo dominado por la demanda interna, tanto por el consumo privado como por la inversión, tal y como ha sido la tendencia durante 2025, a diferencia de lo que vimos en años previos. Dentro del consumo, sigue habiendo una normalización en servicios, que continuaba relativamente rezagado respecto a los bienes luego del estallido social y la pandemia de Covid19. En segundo lugar, aunque el mejor desempeño de la inversión pareciera seguir íntimamente ligado a la minería y energía, su persistencia podría dar paso a mejoras en otros sectores, considerando los entrelazamientos productivos que estas áreas tienen con el resto de la economía. 

Sin embargo, creemos que hay que mirar las cifras con moderado optimismo. El buen desempeño de la demanda interna fue compensado con un retroceso de las exportaciones netas. Es decir, necesitamos traer del resto del mundo los bienes y servicios que consumimos y los factores productivos con los que invertimos. Esto en sí mismo no es un problema, ya que, por ejemplo, podría ser reflejo de un auge de la inversión extranjera o un evento de una sola vez que por contabilidad tuvo que anotarse completamente en un periodo corto. Pero los datos nos cuentan que eso es solo una parte de la historia, ya que, al observar el déficit de cuenta corriente, nos damos cuenta de que, además de inversión de no residentes en Chile, las empresas y el gobierno local se han endeudado, además de haber liquidado activos que tenían en el exterior. 

Con todo, si bien en el neto son buenas cifras, no son sostenibles en el tiempo, o por lo menos no sin generar desbalances macroeconómicos en otros lados, como vimos que ocurrió en la recuperación de la pandemia. De todas maneras, una situación de esa magnitud no está contemplada en nuestro escenario base, el que proyecta un crecimiento del producto de 2,3% para 2025, similar a lo que esperamos para 2026, lo que se encuentra dentro de nuestras capacidades de largo plazo. 

 

Nathan Pincheira

Economista Jefe de Fynsa