El ejercicio de decidir el tema de esta columna no es un acto sencillo, especialmente porque mi idea es decir algo novedoso e inteligente y no pasar a ser otro análisis más de algún tema super analizado. Básicamente, llevar a la práctica lo que los economistas siempre recomendamos: dar valor agregado.
Menciono esto porque ya tenía casi lista la columna de la semana. Las Cuentas Nacionales de 2025 daban para bastante, especialmente porque las correcciones al alza del PIB 2023, 2024 y 2025 podrían considerarse de buenas a primeras como un viento de cola para la administración entrante. Sin embargo, los números más detallados contaban otra cosa, ya que las cifras más recientes, incluida la de enero 2026 en realidad evidenciaron correcciones a la baja, cambiando un poco el análisis en el margen. Pero listo, ya les conté todo lo interesante que de ahí podría surgir.
Sin embargo, algo que se ha repetido y que no puede ser casualidad, son las constantes preguntas desde los equipos de la mesa y comerciales respecto a los potenciales impactos en inflación en el caso que se materialice la eliminación del MEPCO, por lo menos como lo conocemos ahora. Este fondo, mediante la modificación del impuesto específico a los combustibles, está diseñado para suavizar variaciones abruptas en el precio de las gasolinas, diésel y GLP vehicular, tanto al alza como a la baja. Por lo tanto, no es una herramienta para mantener los precios bajos o un subsidio, como algunos probablemente por confusión, suponen.
De esta manera, hemos simulado qué ocurriría con los precios de los combustibles y el IPC si este mecanismo desaparece completamente de un día para otro. Seguramente el lector vea este evento como poco probable, pero es bueno poder medir ex ante el orden de magnitud que una medida como esta tendría. Inicialmente, las gasolinas subirían en promedio más o menos $380 (tomando en cuenta los precios de paridad actuales), mientras que el diésel aumentaría $280. Considerando la metodología del INE para medir precios de combustibles en general, esto mostraría una variación en el IPC de marzo de 8,1% del diésel y 8,8% en las gasolinas, versus el 2% y 2,4% que tenemos considerados hoy. Así, nuestra proyección para marzo pasaría desde 0,5% hasta 0,8% m/m.
Sin embargo, por la metodología antes citada, los impactos más relevantes se verían en abril. En este contexto, los combustibles mostrarían un incremento de 25,8%, lo que impactaría la variación del IPC del mes en 1,0 pp. Así, nuestra estimación debería pasar, solo por este efecto, desde 0,4% hasta 1,4% m/m.
A menos de un mes de instalado el gobierno, ¿cómo cree usted que recibiría esto la ciudadanía? ¿Cómo cree que impactaría la agenda y el poder negociador del ejecutivo para realizar medidas que efectivamente considera primordiales en su programa?
Pienso lo mismo. Así que, aunque el ministro no lo quiera, a veces pedir por un poquito de fortuna, no tiene nada de malo.