Octubre 10, 2025 - 2 min

Cuando los aranceles mandan: Cómo el nuevo eje comercial redefine las reglas del juego

McKinsey identifica que las mutaciones en las políticas comerciales son ahora el principal disruptor global. En América Latina, esa tendencia amenaza exportaciones claves, obliga a replantear cadenas de valor y estira la capacidad de adaptación institucional.

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En su más reciente Economic Conditions Outlook, McKinsey presenta un pulso del ánimo empresarial global y revela que, por segundo trimestre consecutivo, los cambios en política comercial y relaciones comerciales se han elevado al primer puesto como riesgo principal para el crecimiento mundial, doméstico y corporativo. Casi seis de cada diez ejecutivos lo mencionan como una amenaza, colocándolo por delante de factores tradicionales como la inflación o los conflictos geopolíticos.

Solo un tercio de esos ejecutivos —un 34 %— dice confiar plenamente en la capacidad de su organización para responder a esas dinámicas cambiantes. Y aunque recientemente hay algo de optimismo en cuanto al pasado inmediato (un menor porcentaje describe la economía global como “mucho peor” respecto al trimestre anterior), la expectativa a seis meses sigue siendo mayormente a la baja, tanto para la economía mundial como para la propia nacional. 

Un hallazgo interesante: el informe evidencia que, aunque las empresas identifican el riesgo comercial como una amenaza, cada vez más lo ven también como una oportunidad. El porcentaje que señala el entorno comercial como opción de crecimiento ha casi doblado su participación en los últimos trimestres, aunque aún es minoritario (≈ 15 %) como prioridad estratégica. En cuanto a los mecanismos adoptados, las más frecuentes incluyen planificación de escenarios y ajustes en precios 

América Latina bajo la lupa

Para la región latinoamericana, el mensaje del informe cobra una fuerza adicional con tintes de urgencia. Dada la fuerte dependencia exportadora de materias primas, manufacturas y productos agrícolas hacia mercados consumidores grandes (EE.UU., Europa, China), cualquier cambio de aranceles o renegociación de acuerdos puede disparar efectos adversos inmediatos.

La limitada capacidad institucional —en materia regulatoria, aduanera o de integración logística— agrava la situación: cuando solo un tercio de los ejecutivos globales confía en su organización para adaptarse, la proporción en América Latina podría ser incluso inferior, dificultando respuestas ágiles a choques externos.

Sin embargo, esta coyuntura también abre espacio para ventaja competitiva: algunas compañías latinoamericanas ya están reordenando sus cadenas productivas, buscando proveedores regionales alternativos o reforzando rutas logísticas menos vulnerables. Si la fragmentación comercial global se intensifica, quienes mejor anticipen estos desplazamientos podrían salir en posición de fuerza.

Un riesgo latente para los países con baja diversificación económica: una abrupta caída de demanda externa o un aumento de barreras arancelarias pueden traducirse directamente en pérdida de ingresos, empleo y crecimiento. En ese sentido, el informe da una advertencia clara: ya no basta con responder al mercado externo —hay que fortalecer las bases productivas internas. 

 

Fynsa