Octubre 16, 2026 - 2 min

Llueve sobre mojado

Las expectativas de crecimiento se han desinflado a lo largo del año y, cuando parecía que la actividad comenzaría a recuperarse, nuevos obstáculos volvieron a complicar el escenario.

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No hay ninguna novedad en decir que este año no ha sido lo que habíamos pensado en términos de crecimiento. Había muchas expectativas que, lentamente, o quizás no tanto, se fueron desinflando cada vez que conocíamos las cifras mensuales de Imacec, ratificándose luego en las Cuentas Nacionales.  

En enero de este año, la Encuesta de Expectativas Económicas (EEE) proyectaba un alza del PIB de 2,5%, mientras que la más reciente, publicada en octubre, sólo espera un 0,2%. Este nivel de ajuste sólo es comparable con periodos en que el país ha enfrentado una catástrofe mayor, como un terremoto, la pandemia o el estallido social, o una crisis financiera internacional importante. Nada de eso ha ocurrido, más allá de la guerra entre EE. UU. e Irán, lo que ha tenido un efecto, pero claramente de un orden de magnitud mucho menor al ajuste que se ha hecho localmente. 

Por lo que sabemos, la primera parte del año fue débil debido a impactos puntuales en sectores ligados a los recursos naturales que, además, golpearon a la industria. Por otro lado, la minería aún enfrentaba altas bases de comparación, ya que la producción perdida luego del accidente de El Teniente nunca “se puso al día” y sólo continuó con un crecimiento conservador. Las expectativas de los consumidores se vieron tremendamente afectadas por el “bencinazo”, mientras que la inversión no se ejecutaba a la velocidad que se había proyectado. 

Sin embargo, había consenso en que el segundo semestre sería diferente. Los niveles de la producción minera se normalizarían, la mayor inversión tendría efectos positivos en el mercado laboral, en el marco de la aprobación de la ley de reconstrucción, que se supone entregaría más certezas a los inversionistas y podría continuar la política de acuerdos que había renacido en la aprobación de la reforma de pensiones.  

Nada de eso ocurrió. Luego de solo un mes de normalización, nuevos eventos climatológicos volvieron a impactar a la minería, cuyos números incluso han sido peores que los de comienzos de año. Después de un breve respiro, los combustibles han seguido subiendo, impactando el ingreso disponible de los consumidores. Más allá de la mejora sistemática de los catastros de proyectos, la inversión no repunta, mientras el mercado laboral ha empeorado aún más, desmarcándose negativamente de lo que ha ocurrido en otros países. De esta manera, la estimación más reciente llegó al 0,2% que mencionamos más arriba. 

Lamentablemente, las cifras en el margen no son auspiciosas. Ha habido más temporales, cuyos efectos negativos serían más amplios que los daños directos que ya observamos tras los aluviones en la Región Metropolitana y otras zonas del centro norte. A ello se suman paralizaciones en yacimientos mineros por mantenciones, huelgas y un nuevo accidente fatal en El Teniente, que no adelantan mejores cifras para lo que queda de año.  

La fuerza de las lluvias y el granizo también podría tener incidencias en el resultado de las cosechas, cuyo periodo de floración se da en esta época, y todavía se proyectan nuevos eventos climáticos. 

Incorporando estos antecedentes, hemos recortado nuevamente nuestra proyección de crecimiento del PIB para 2026, llevándola a -0,5%, lo que podría bajar aún más en el caso de que los eventos antes mencionados sean más importantes que los recientes. De ser así, también podría impactarse la estimación para 2027, la que hemos mantenido en 2,8%, principalmente por un primer trimestre menos dinámico.  

De todas maneras, seguiremos con nuestra política de ajustes conservadores, dada la infinidad de frentes, locales e internacionales, que están impactando nuestra economía por estos días. Nos llueve sobre mojado.

 

Nathan Pincheira

Economista Jefe de Fynsa