Mucha gente es buena para ahorrar, pero mala para invertir: no se animan a ir más allá del depósito a plazo (DAP). Ahorrar responde a la necesidad de seguridad (segunda en la pirámide de Maslow), por lo que es entendible rehuir lo desconocido: cuesta conciliar seguridad con un bosque inexplorado. Pero hay un problema mayor: un lobo llamado “inflación” acecha siempre el poder adquisitivo de nuestros ahorros. Paradójicamente, fuera del bosque el lobo tiene campo libre; es dentro donde podemos protegernos.
Partamos en nuestra zona de confort: el DAP. Está en la web del banco, a dos clics. Plazo y cuánto paga. Fácil y familiar. Muchos creen que basta, porque el ciclo reciente los malacostumbró: con las tasas altas del Banco Central, renovar un DAP mes a mes rindió 10,5%, 5,9% y 4,5% entre 2023 y 2025, superando la inflación de cada año (3,9%, 4,5% y 3,5%, respectivamente).
Pero reacciona tarde cuando el lobo ataca. Entre 2020 y 2022, la inflación acumuló 24,5% y el DAP apenas rentó 11,1%. Este 2026 se repite la historia: con tasas más bajas, suma 3,2%, frente al 4,0% que ya lleva la inflación. Desde 2020 a la fecha, el DAP acumula 40,2% y la inflación, 45,6%.
Basta dar un paso dentro del bosque: en igual período, cuatro de cinco fondos mutuos en UF de corto plazo rindieron entre 47% y 51%. Tampoco blindan del todo: durante el shock de 2020-2022 quedaron ocho puntos bajo la inflación, pero el DAP quedó trece abajo, y en el período completo ellos sí recuperaron. Adentrándose mucho más en el bosque, el ETF del IPSA acumuló 54%, pero por un sendero muy accidentado: −15% en 2020, +49% en 2025.
El DAP es el “peor es nada” de las inversiones. Sirve para manejar la liquidez, pero nunca te cases con él: para proteger tus ahorros hay herramientas más efectivas.
Pablo Gallegos
Gerente Mesa de Dinero Fynsa