Recientemente, el Banco Central publicó el Informe de Política Monetaria (IPoM) de junio, en el que actualizó su escenario macroeconómico. Dadas las complejidades del proceso —y de la serie de etapas por las que pasa antes de hacerse público—, el informe cuenta con un cierre estadístico explícito, que usualmente se fija una semana antes de su publicación. Considerando que las perspectivas del Consejo contemplan tendencias y movimientos de mediano y largo plazo, lo que ocurre durante esos días, en general, no es suficiente como para afectar sustancialmente lo declarado en el IPoM. Sin embargo, esta vez, las cosas podrían ser diferentes.
Entre el cierre estadístico y la publicación del informe, ocurrieron hechos que sí tienen el potencial de alterar el escenario. Los bombardeos de Israel a Irán, junto con la respuesta de este último, podrían modificar supuestos incluidos en el documento, como el precio del petróleo y otras materias primas, las perspectivas de crecimiento global, la inflación, el apetito por riesgo, entre otros. Aunque estos eventos fueron considerados de manera cualitativa por el Consejo, no están reflejados en las proyecciones cuantitativas.
Así, es válido preguntarse si, por esta desafortunada coincidencia, el informe queda obsoleto y habría que elaborar uno nuevo. De hecho, fue uno de los comentarios de pasillo sólo momentos después de que quedara disponible el archivo en la página web del Banco Central. Sin embargo, creemos que, por varias razones, no es el caso.
En primer lugar, si bien el inicio de las agresiones entre ambos países es importante, no es el único elemento que está inyectando volatilidad a los mercados. También están presentes la guerra comercial, el aumento de la deuda estadounidense, la invasión rusa a Ucrania y el conflicto palestino – israelí, entre otros. En este sentido, una mayor incertidumbre global sí está considerada en las proyecciones, tanto en el escenario base como en los de riesgo.
En segundo lugar, aunque los efectos globales de un conflicto de esta magnitud son inciertos, los canales de transmisión hacia la economía nacional no son desconocidos, ni tampoco algo que no se haya enfrentado anteriormente.
Como tercer punto, estos eventos son tan dinámicos que, al momento de escribir estas líneas, ya se anunciaba el fin de la, según Trump, proclamada “guerra de los 12 días”. Aunque nos parece apresurado dar por finalizado el conflicto, los impactos sobre los mercados que podrían haber incidido en el IPoM —en caso de haberse considerado más permanentes— estarían retrocediendo.
Finalmente, no hay que olvidar que los encuadres macro no son mandamientos escritos en piedra. La realidad es más compleja de lo que parece (parafraseando a Drexler) y los bancos centrales modernos han diseñado estrategias precisamente para navegar entre aguas turbulentas. Como suele reiterarse en los penúltimos párrafos de sus comunicados, el objetivo es manejar la política monetaria con flexibilidad. El mejor Central no es el que más acierta, sino que es el que mejor se adapta. Adaptándose es como vamos a converger al objetivo inflacionario de 3% en dos años.