Junio 13, 2025 - 2 min

Seamos mejores

Tras meses de cifras débiles, algunos datos recientes apuntan a una mejora en la actividad. Pero antes de celebrar, vale la pena mirar con cautela qué hay detrás del aparente repunte.

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Ya hemos escrito varias líneas en este espacio dedicadas al crecimiento o, más bien, a la falta de este. Hemos abordado desde cifras coyunturales hasta miradas de largo plazo, respecto de cómo muchos de los problemas que nos aquejan (aunque no todos) pueden resolverse mediante el crecimiento.  

En esta oportunidad hablaremos de lo mismo, pero más que nada como una preparación para lo que está por venir. Y es que, después de un primer trimestre mejor a lo esperado y la primera cifra del segundo sorprendiendo al alza, el ánimo cambió, e incluso se empezó a hablar de un punto de inflexión. Déjenme ir más allá: las cifras del Imacec de mayo y junio rondarán el 4% y 5%, respectivamente. A simple vista, parecería que el país despegó, ¿no? 

Bueno, no es tan así. Si bien abril tuvo un desempeño mejor al previsto, la mayor incidencia la tuvo la minería, mientras que otros sectores que venían mostrando un buen dinamismo —y que sostenían las esperanzas de una recuperación algo más sostenida—, como la industria y el comercio, retrocedieron. Debo decir que lo ocurrido en el comercio nos llamó profundamente la atención, ya que, al menos, la entrada de turistas argentinos no ha caído; incluso ha mostrado una resiliencia mayor a la que esperábamos. Sin embargo, el mercado laboral local sí experimentó un leve empeoramiento, especialmente por el lado de la creación de empleo. 

En cuanto a los elevados crecimientos que se avecinan, gran parte de ellos responde a bajísimas bases de comparación de 2024. Durante mayo del año pasado, la economía avanzó apenas un 0,4% a/a, reflejando una caída desestacionalizada importante. Junio, algo mejor en el margen aunque sin recuperar completamente lo perdido en mayo, evidenció una caída interanual de 0,7%. Por lo tanto, los datos que conoceremos los próximos meses estarán más explicados por la estadística que por una recuperación económica propiamente tal.  

No nos confundamos. No es que tratemos de “echar para abajo” lo que se viene. Simplemente, prevenimos ante lo que creemos será un sinfín de evaluaciones positivas, golpecitos en la espalda y autocomplacencia. Nada de eso se sostendrá. El día que veamos cifras que efectivamente vengan con fundamentos que hablen de una recuperación —aunque se reflejen en un dato interanual débil— seremos los primeros en celebrarlo. Porque de eso se trata: de hacerlo mejor. 

 

 

Nathan Pincheira

Economista Jefe de Fynsa