La reunión de política monetaria de enero abrió un capítulo en la búsqueda de estabilidad económica en un contexto global y local desafiante.
Parece ser que la tendencia se está recuperando y el mercado está dispuesto a inyectar la liquidez que fueron guardando a la espera de mejores oportunidades de inversión.
La evolución de la inflación facilita la comunicación de cara a un inminente recorte de la TPM por parte del Banco Central.
Lo que nos muestran las cifras es que la economía chilena se encuentra estancada.
Los bancos mencionan una perspectiva económica menos favorable o más incierta, tolerancia reducida al riesgo, deterioro en los valores de las garantías e inquietudes sobre los costos de financiamiento y sus posiciones de liquidez.
El mandato constitucional del Banco Central es la inflación; por lo tanto, sus medidas debiesen ir dirigidas a conseguir ese objetivo y no otro.
La inflación subyacente se está inclinando en una dirección más cómoda, por lo que sería razonable concluir que la Fed podría adoptar un enfoque de esperar y ver en su próxima reunión, lo que efectivamente terminaría con el ciclo de ajuste.
Es preocupante lo que ocurre con la inflación subyacente, que aumentó 1,6% en marzo.
Nuestro mayor cuestionamiento es que un escenario de soft landing ya está en buena medida incorporado en los precios y no vemos muchas razones para que los activos de riesgo sigan subiendo, en medio de tasas más altas y el lenguaje todavía agresivo de varios miembros del FOMC.