Un análisis de Boston Consulting Group explora cómo tecnología, geopolítica y clima podrían redefinir el mundo en las próximas décadas.
Creemos que Chile sigue ofreciendo un buen punto de entrada hacia 2026, con tasas reales atractivas en términos históricos, valorizaciones en renta variable por debajo de sus promedios de largo plazo y un descuento frente a emergentes, además de catalizadores que podrían favorecer un re-rating gradual de los activos locales.
Pareciera que luego de años de incertidumbre constitucional y reformas fallidas, el mercado percibe mayor claridad institucional, sumado a la convergencia de tasas a la baja. Si estas condiciones se consolidan, el dólar podría moverse hacia rangos más “normales”, incluso más cercanos a $800 en el mediano plazo.
La costumbre dictaba que, en septiembre, un alza mensual en el IPC de 0,5% o 0,7% era normal, usualmente motivada por incrementos de los productos más consumidos por las familias chilenas durante las fiestas. Sin embargo, desde algún tiempo hemos visto un cambio respecto a este comportamiento.
No pareciera que los riesgos se estén ejecutando aún, o por lo menos eso es lo que los datos de la actual canasta están mostrando (al menos bajo nuestro análisis).
Reafirmamos nuestra visión constructiva para los activos locales, tanto en renta fija como en renta variable.
El Banco Central ajusta sus proyecciones económicas, pero mantiene un enfoque cauteloso ante los riesgos globales que podrían modificar su estrategia de política monetaria en los próximos meses.
¿Qué explica este mundo tan lindo en términos de precios que estamos viviendo?
Mayores tasas de interés ejercieron presión sobre las valorizaciones durante 2022, pero ahora el enfoque pasará de las valorizaciones a las utilidades corporativas, en un entorno macro cada vez más desafiante.
El Central considerará otros factores además de la inflación para su política monetaria, como el déficit de cuenta corriente, las condiciones financieras y el comercio internacional.