Mayo 30, 2025 - 2 min

Pan en la mesa

Aunque la actividad económica ha mostrado cierta resiliencia, la generación de empleo no ha seguido el mismo ritmo. Los datos más recientes confirman una brecha persistente que afecta a cientos de miles de familias.

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En nuestro país, la gran mayoría de quienes vivimos aquí obtenemos nuestros ingresos del trabajo, es decir, del sueldo. Un porcentaje más bien menor percibe, además, rentas provenientes del capital (acciones, bienes raíces, etc.). En este contexto, la salud del mercado laboral es crucial para entender el dinamismo de la actividad económica, especialmente aquella vinculada a la demanda interna. 

No es novedad para nadie que el mundo del trabajo lleva algún tiempo estancado. Esto no significa que no se estén generando empleos o que atravesemos una crisis, pero en muchos sectores hemos visto crecimientos en la producción que no se condicen con aumentos proporcionales en las plantillas, como históricamente ocurría. En el extremo, sectores como la agricultura hoy operan con un 24% menos de trabajadores que antes del estallido social, mientras que en el mismo periodo el PIB del sector agrícola ha crecido un 12% en términos reales (por sobre el 11% del PIB total en ese lapso). Como un todo, la economía nacional hoy utiliza proporcionalmente menos trabajadores que hace cinco años. 

Razones puede haber muchas: automatización acelerada por las restricciones de movilidad durante la pandemia, aumento en los costos laborales, menor inversión en sectores intensivos en mano de obra, etc. Cualquiera sea el principal culpable, la cuestión es que hoy tenemos 600 mil empleos menos de los que debiésemos tener, considerando el crecimiento (mediocre, pero crecimiento al fin) económico y demográfico de los últimos cinco años. El estancamiento se debe a que no ha habido ningún indicio durante los anteriores 12 o 24 meses referente a que esta brecha se va a acortar. 

Si bien los datos mensuales publicados por el INE presentan algunos problemas para hacer análisis al margen, la verdad es que en un periodo más amplio hemos visto con preocupación un leve empeoramiento del mercado. Ya no estancamiento, sino deterioro. En este sentido, el alza de la tasa de desempleo desde 8,7% a 8,8% en el último trimestre móvil refleja esta situación, siendo 0,3 puntos porcentuales más alta que el mismo periodo del año anterior. Incluso controlando por estacionalidad, la tasa sigue aumentando. 

La creación de empleo interanual alcanzó 0,2%, el menor registro desde abril de 2021, impulsado por un pequeño aumento del empleo femenino, mientras que el masculino no evidencia variación. En el mismo periodo, la fuerza laboral creció un 0,6%, ambas cifras por debajo del alza de la población en edad de trabajar (0,9%), los desocupados (4,3%) y los inactivos (1,5%).  

Por más que el crecimiento de las remuneraciones ayude a compensar parcialmente este escenario, la tendencia no es alentadora hacia adelante. Y, antes de que salga la respuesta típica de algunos a estos análisis: no, esto no nos alegra, no nos favorece y no responde a ninguna agenda oculta. El desempleo es un drama demasiado serio como para sacar crédito de ello, especialmente cuando más de 600 mil familias tienen cada vez más difícil el poder poner pan en la mesa.

 

 

Nathan Pincheira

Economista Jefe de Fynsa