El sector se sigue expandiendo, aunque se observan ajustes en la ocupación y en el canon de arriendo
A la reducción de los riesgos políticos- institucionales y valorizaciones altamente descontadas, podemos sumar ahora la expectativa de una agresiva flexibilización monetaria en adelante.
La probabilidad de que el proceso de convergencia a la inflación se interrumpa o definitivamente se dé vuelta ha caído significativamente, pero aún hay elementos de riesgo que hay que monitorear.
Los discursos y las comunicaciones del Consejo del Banco Central sólo han ido en una línea: aún es muy prematuro, existen riesgos elevados y el error de política puede resultar muy caro.
A pesar de las señales de debilidad de la economía, creemos que el Banco Central mantendrá una postura más conservadora: en caso que así lo amerite, preferirá recortar la tasa de manera más agresiva llegado el momento, a comenzar los recortes antes de manera más tímida por el temor a equivocarse.
La prudencia indica que debemos esperar el fin del ciclo de alza de tasas para volver a invertir, pero cuidado que los depósitos a plazo ya no pagan lo que pagaban hace algunos meses y la inflación también está bajando.
El Banco Central seguirá firme en su objetivo de apuntalar la inflación hacia su objetivo de 3% a dos años y mientras aquello no ocurra, no comenzará a reducir la tasa de política monetaria.
En el corto plazo, las buenas noticias deberían continuar: para mayo esperamos que el IPC aumente 0,2% respecto a abril, lo que llevaría la variación interanual hasta 8,8%.
El mandato constitucional del Banco Central es la inflación; por lo tanto, sus medidas debiesen ir dirigidas a conseguir ese objetivo y no otro.
Es preocupante lo que ocurre con la inflación subyacente, que aumentó 1,6% en marzo.